Teodoro de Studion y Platón, santos que se enfrentaron al “sínodo del divorcio”

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San Teodoro de Studion y San Platón, simples religiosos se atrevieron a desafiar al poder imperial y a las jerarquías eclesiásticas de su tiempo, que como hoy, frente a las amenazas de cambio en la praxis católica sobre el matrimonio, tiene el valor de repetir un inflexible non licet.

 (Autor: Roberto de Mattei / Corrispondenza Romana. Traducción de Helena Faccia Serrano).

Con el nombre de “Sínodo del adulterio” se conoce en la historia de la Iglesia una asamblea de obispos que, en el siglo IX, quiso aprobar la praxis del segundo matrimonio tras repudiar a la esposa legítima.

San Teodoro de Studion (759-826) fue quien se opuso con más determinación, siendo por ello perseguido, encarcelado y exiliado tres veces.

Un caso de comunión de divorciados

Todo comenzó en enero del año 795 cuando el emperador romano de Oriente (basileus) Constantino VI (771-797) hizo encerrar a su esposa María de Armenia en un monasterio e inició una unión ilícita con Teodota, dama de honor de su madre Irene.

Unos meses más tarde el emperador hizo proclamar “augusta” a Teodota, pero al no conseguir convencer al patriarca san Tarasio (730-806) para que celebrase el nuevo matrimonio, encontró por fin un ministro complaciente en el sacerdote José, higúmeno del monasterio de Katara, en la isla de Ítaca, que bendijo oficialmente esa unión adúltera.

San Teodoro de Studion, junto con su abad San Platón, plantaron cara a Constantino VI y a los patriarcas complacientes con su unión adúltera.

San Teodoro, nacido en Constantinopla en 759, era entonces un monje del monasterio de Sacudión en Bitinia, del que era abad su tío Platón, venerado también él como santo.

Teodoro recuerda que el injusto divorcio produjo una honda conmoción en todo el pueblo cristiano: concussus est mundus (Epist. II, n. 181, in PG, 99, coll. 1559-1560CD) y junto a San Platón protestó enérgicamente en nombre de la indisolubilidad del vínculo.

El emperador debía ser considerado un adúltero -escribió- y por consiguiente el sacerdote José debía ser considerado gravemente culpable por haber bendecido a los adúlteros y haberles permitido recibir la Eucaristia.

“Consagrando el adulterio” el sacerdote José contravenía la enseñanza de Cristo y violaba la ley divina (Epist. I, 32, PG 99, coll. 1015/1061C).

Según Teodoro había que condenar también al patriarca Tarasio el cual, aunque no había aprobado la nueva unión, se había mostrado tolerante al no excomulgar al emperador y no castigar al ecónomo José.

Esta actitud era típica de un sector de la Iglesia oriental que proclamaba la indisolubilidad del matrimonio, pero que en la praxis demostraba una cierta sumisión frente al poder imperial, confundiendo así al pueblo y suscitando la protesta de los católicos más fervientes.

Basándose en la autoridad de San Basilio, Teodoro reivindicó la facultad concedida a los súbditos de denunciar los errores del propio superior (Epist. I, n. 5, PG, 99, coll. 923-924, 925-926D) y los monjes de Sacudión rompieron la comunión con el patriarca por su complicidad en el divorcio del emperador.

Estalló así la conocida “cuestión moiqueiana” (de moiqueia= adulterio) que enfrentó a Teodoro no sólo con el gobierno imperial, sino también con los propios patriarcas de Constantinopla.

Es un episodio poco conocido desvelado hace algunos años por el profesor Dante Gemmiti en una cuidadosa reconstrucción histórica basada en las fuentes griegas y latinas (Teodoro Studita e la questione moicheiana, LER, Marigliano 1993), que confirma como en el primer milenio la disciplina eclesiástica de la Iglesia de Oriente aún respetaba el principio de indisolubilidad del matrimonio.

El emperador persigue a quienes le acusan

En septiembre de 796 Platón y Teodoro fueron detenidos con algunos monjes de Sacudión, encarcelados y después exiliados a Tesalónica, a donde llegaron el 25 de marzo de 797.

Sin embargo, en Constantinopla el pueblo consideraba a Constantino un pecador que seguía dando público escándalo y, siguiendo el ejemplo de Platón y Teodoro, la oposición aumentaba a medida que pasaban los días.

El exilio duró poco porque el joven Constantino, víctima de un complot de palacio, fue mandado cegar por su madre, quien asumió las riendas del imperio.

Irene hizo volver a los exiliados, que se trasladaron al monasterio urbano de Studion junto a la gran parte de la comunidad de los monjes de Sacudión.

Teodoro y Platón se reconciliaron con el patriarca Tarasio que, tras la llegada de Irene al poder, había condenado públicamente a Costantino y al sacerdote José por el divorcio imperial.

También el reinado de Irene fue breve. El 31 de octubre de 802 uno de sus ministros, Nicéforo, tras una revuelta palaciega, se proclamó emperador.

Cuando al poco tiempo Tarasio murió, el nuevo basileus hizo elegir como patriarca de Constantinopla a un alto funcionario imperial, también él llamado Nicéforo (758-828).

Nuevo enfrentamiento

A mediados de 806 Nicéforo convocó y presidió un sínodo durante el cual reintegró a sus funciones al higúmeno José, que había sido destituido por Tarasio.

Teodoro, que se había convertido mientras tanto en cabeza de la comunidad monástica de Studion tras el retiro de Platón a una vida eremítica, protestó enérgicamente contra la rehabilitación del sacerdote José y cuando éste retomó su ministerio sacerdotal rompió la comunión con el nuevo patriarca.

La reacción no tardó en llegar. El monasterio de Studion fue ocupado militarmente; Platón, Teodoro y el hermano José, arzobispo de Tesalónica, fueron arrestados, condenados y exiliados.

El “sínodo del adulterio”: tolerancia vs ley de Dios

En el año 808 el emperador convocó otro sínodo que se reunió en enero de 809 y que Teodoro definió, en una carta al monje Arsenio fechada ese mismo año, como “moechosynodus”, el “Sínodo del adulterio” (Epist. I, n. 38, PG 99, coll. 1041-1042c).

El Sínodo de los obispos reconoció la legitimidad del segundo matrimonio de Constantino, confirmó la rehabilitación del higúmeno José y anatematizó a Teodoro, Platón y el hermano José, que fue destituido de su cargo de arzobispo de Tesalónica.

Para justificar el divorcio del emperador, el Sínodo utilizó el principio de la “economía de los santos” (tolerancia en la praxis).

Pero para Teodoro ningún motivo justificaba la transgresión de una ley divina e invocando las enseñanzas de San Basilio, de San Gregorio Nacianceno y de San Juan Crisóstomo, declaró privada de fundamento en las Escrituras la disciplina de la “economía de los santos”, según la cual en algunas circunstancias se podía tolerar un mal menor, como en este caso el matrimonio adúltero del emperador.

La polémica de los iconoclastas [enemigos de las imágenes]

El emperador Nicéforo murió unos años después, el 25 de julio de 811, en la guerra contra los búlgaros y ascendió al trono otro funcionario imperial, Miguel I.

El nuevo basileus [emperador] hizo volver del exilio a Teodoro, que se convirtió en su consejero de mayor confianza.

Pero la paz duró poco. En el verano de 813 los búlgaros infligieron una durísima derrota a Miguel I cerca de Adrianópolis y el ejército proclamó emperador al jefe de los soldados de la thema de Anatolia, León V el Armenio (775-820).

Cuando León destituyó al patriarca Nicéforo e hizo condenar el culto de las imágenes, Teodoro asumió el mando de la resistencia contra los iconoclastas.

De hecho, Teodoro se distinguió en la historia de la Iglesia no sólo como oponente al “Sínodo del adulterio”, sino también como uno de los grandes defensores de las imágenes sagradas durante la segunda fase de la iconoclastia.

Así, el domingo de Ramos de 815 tuvo lugar una procesión de mil monjes del Studion que dentro de su monasterio, pero a la vista de todos, portaban iconos sagrados mientras entonaban solemnes cantos de aclamación en su honor.

La procesión de los monjes del Studion desencadenó la reacción de la policía.

Entre el 815 y el 821 Teodoro fue flagelado, encarcelado y exiliado en distintos lugares de Asia Menor.

Al final volvió a Constantinopla, pero no al monasterio, estableciéndose con sus monjes en la otra parte del Bósforo, en las islas Príncipe, donde murió el 11 de noviembre de 826.

San Teodoro, como San Juan Bautista

El “non licet” (Mt 14, 3-11) [“no es lícito”] que San Juan Bautista lanzó al tetrarca Herodes por su adulterio ha resonado varias veces en la historia de la Iglesia.

San Teodoro de Studion, un simple religioso que se atrevió a desafiar al poder imperial y a las jerarquías eclesiásticas de su tiempo es considerado uno de los protectores celestiales de quien todavía hoy, frente a las amenazas de cambio en la praxis católica sobre el matrimonio, tiene el valor de repetir un inflexible non licet.

Fuente:

https://forocatolico.wordpress.com/

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