CASTIGO Y CONVERSIÓN GENERAL LUEGO DEL ANTICRISTO

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Monseñor Williamson y otros pretenden que antes del Anticristo habrá un gran castigo seguido de una conversión general de la cristiandad.

 

Para dilucidar si esto ocurrirá o no, hay que ver la Sagrada Escritura. Acerca de los castigos en los últimos tiempos, podemos recordar:

 

1º) En los Evangelios, el discurso esjatológico de Nuestro Señor.

 

Figura en los tres sinópticos, con algunas diferencias.

 

San Mateo, capítulo XXIV. Empieza con “el comienzo de los dolores” o “initia dolorum” (guerras, rumores de guerras, pestes, hambres, terremotos). Luego vienen la tribulación y la “abominación de la desolación” en el templo de Jerusalén. Finalmente (a partir del vers. 29) ocurren los cataclismos cósmicos inmediatamente previos a la Parusía.

 

Recién en ese momento, luego de la tribulación y con la Parusía,
aparece cierta conversión y la recolección o arrebato de los elegidos:

 

29 Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días el sol se obscurecerá, y la luna no dará más su fulgor, los astros caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre, y entonces se lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gloria grande. 31 Y enviará sus ángeles con trompeta de sonido grande, y juntarán a los elegidos de Él de los cuatro vientos, de una extremidad del cielo hasta la otra.

 

San Marcos, capítulo XIII: repite los mismos acontecimientos, pero sin mencionar la “lamentación de las tribus de la tierra”:

 

24 Pero en aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, 25 y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas. 26 Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria. 27 Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo.”

 

San Lucas XXI (especialmente los versículos 25 a 28): [Entonces Jesús les dijo:]

 

25 Y habrá señales en el sol, la luna y las estrellas y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, a causa de la confusión por el ruido del mar y la agitación (de sus olas). 26 Los hombres desfallecerán de espanto, a causa de la expectación de lo que ha de suceder en el mundo, porque las potencias de los cielos serán conmovidas. 27 Entonces es cuando verán al Hijo del Hombre viniendo en una nube con gran poder y grande gloria. 28 Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca.”

 

Notas:

 

  1. En este sermón esjatológico, Nuestro Señor deja claro que una vez comenzados los dolores, ya no hay vuelta atrás. Actualmente podemos ver que ya comenzaron los últimos tiempos por dos razones: 

– en la parte religiosa actual: la crisis de fe actual contiene la misma herejía del Anticristo: la adoración del hombre. Específicamente es la misma.

 

– con la libertad religiosa establecida en los países, ya ocurre propiamente la apostasía de las naciones. Los países otrora católicos, que forman lo que era la cristiandad, han apostatado oficialmente.

 

  1. El“lamento de las tribus de la tierra” en San Mateo ocurre al momento de la aparición de Ntro. Señor. 
  2. La aparición del Hijo del Hombre con acontecimientos cósmicos está destinada a alegrar a los fieles y a dar ocasión de conversión a las gentes que queden vivas en ese momento:

El “desfallecer de espanto” de los hombres de San Lucas: se contrapone a la exhortación (mencionada solamente en S. Lucas) a los fieles: 28 Mas cuando estas cosas comiencen a ocurrir, erguíos y levantad la cabeza, porque vuestra redención se acerca.”.

 

Así lo entiende también Fillion, comentando “Quoniam appropinquavit redemptio…”: “Lo que conmocionará al resto de los hombres, deberá alegrar a los cristianos, puesto que para ellos será el anuncio de la liberación y la felicidad eterna”.

 

2º) En los Hechos de los Apóstoles: San Pedro habla a los judíos acerca del fin del mundo el día de Pentecostés, dando algunas señales. (Hechos II, 14-21; sobre todo los versículos 19 al 21). Remarcar cuando menciona “el día del Señor”.

 

14 Entonces Pedro, poniéndose de pie, junto con los once, levantó su voz y les habló: “Varones de Judea y todos lo que moráis en Jerusalén, tomad conocimiento de esto y escuchad mis palabras. 15 Porque éstos no están embriagados como sospecháis vosotros, pues no es más que la tercera hora del día; 16 sino que esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: 17 Sucederá en los últimos días, dice Dios, que derramaré de mi espíritu sobre toda carne; profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, vuestros jóvenes tendrán visiones y vuestros ancianos verán sueños. 18 Hasta sobre mis esclavos y sobre mis esclavas derramaré de mi espíritu en aquellos días, y profetizarán. 19
Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo.
20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre
, antes que llegue el día del Señor, el día grande y célebre. 21
Y acaecerá que todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 

3º) En las Epístolas de San Pablo. Hablando en general de los castigos y conversiones de los últimos tiempos, se puede ver (por ejemplo):

 

* Romanos VIII, 19-22: la creación será renovada.

 

* Romanos XI: la conversión de Israel

 

* I Cor. III, 13: (el mundo pasará por el fuego).

 

* I Tesal. V, 2: el “día del Señor” vendrá como “con dolores de parto”.

 

* II Tesal. I, 7-10: Nuestro Señor vendrá “en llamas de fuego” vengándose “en los que no conocen a Dios y no obedecen al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo”.

 

4º) Epístolas de San Pedro:

 

II Pet. III: en ese capítulo S. Pedro exhorta –incluso dice que basándose en los profetas y palabras de Nuestro Señor- a mantener la esperanza en la Parusía, aún cuando parezca que esta se atrase o que los impíos blasfemen diciendo que Nuestro Señor no viene. Y remarca que ese aparente retraso es obra de la misericordia de Dios, quien quiere que todos se arrepientan. Hay que notar que en este pasaje San Pedro pone como equivalentes a la Parusía y al “día del Señor”. Dice también que en ese día los cielos pasarán, se disolverán los elementos para ser quemados y la tierra con sus obras no será más hallada.

 

5º) EN EL APOCALIPSIS:

 

En primer lugar: a igual que en el discurso esjatológico de Ntro. Señor, aquí se distinguen: los castigos hasta el Anticristo inclusive; y lo que sobreviene luego de éste.

 

También podemos considerar tres grupos de personas: los fieles y los enemigos de Dios. Los enemigos de Dios son de dos tipos: los pueblos gentiles y los judíos actuales.

 

I – Hasta la derrota del Anticristo

 

1º) Con respecto a los fieles:

 

  1. A lo que exhorta Nuestro Señor es a que se mantengan firmes.Apoc. XIV, 12-13: 12 En esto está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. 13 Y oí una voz del cielo que decía: “Escribe: ¡Bienaventurados desde ahora los muertos que mueren en el Señor! Sí, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, pues sus obras siguen con ellos” 
  2. No un gran triunfo temporal sino la gran tribulación con una persecución donde muchos van a ser martirizados. 
  3. Pero no se ve crecimiento numérico de ellos. 
  4. Manda poner la esperanza no en un triunfo humano sino en la Parusía de Nuestro Señor. 

2º) Con respecto a los que no son fieles (los pueblos gentiles):

 

Al venirles los castigos de parte de Dios no hay conversiones generales, sino por el contrario, hay desesperación, empecinamiento en el mal y blasfemias contra Dios.

 

En las 7 Trompetas se mencionan castigos de Dios a los impíos. Luego de cada castigo no aparece ninguna conversión.

 

– Las 4 primeras Trompetas:

 

Apoc. VIII, 6-13: 6 Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se aprestaron a tocarlas. 7 Y el primero tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron arrojados sobre la tierra, y fue incendiada la tercera parte de la tierra; y fue incendiada la tercera parte de los árboles, y fue incendiada toda hierba verde.

 

8 Y tocó a trompeta el segundo ángel, y algo como una gran montaña en llamas fue precipitada en el mar, y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. 9 Y murió la tercera parte las creaturas que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.

 

10 Y tocó la trompeta el tercer ángel, y se precipitó del cielo una grande estrella, ardiendo como una antorcha: cayó en la tercera parte de los ríos y en los manantiales de la aguas. 11 El nombre de la estrella es Ajenjo; y convirtióse la tercera parte de las aguas en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas porque se habían vuelto amargas.

 

12 Y tocó la trompeta el cuarto ángel, y fue herida la tercera parte del sol y la tercera parte de la luna y la tercera parte de las estrellas, de manera que se obscureció la tercera parte de ellos, y el día perdió la tercera parte de su luz y lo mismo la noche.

 

13 Y vi y oí cómo volaba por medio del cielo un águila que decía con poderosa voz: “¡Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, a causa de los toques de trompeta que faltan de los tres ángeles que todavía han de tocar!”.

 

 La quinta trompeta:

 

Apoc. IX, 1-12: 1 Y tocó la trompeta el quinto ángel, y vi una estrella que había caído del cielo a la tierra, y le fue dada la llave del pozo del abismo. 2 Abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno, y a causa del humo del pozo se obscurecieron el sol y el aire. 3 Del humo salieron langostas sobre la tierra; y les fue dado poder, semejante al poder que tienen los escorpiones de la tierra. 4 Y se les mandó que no dañasen la hierba de la tierra, ni verdura alguna, ni árbol alguno, sino solamente a los hombres que no tuviesen el sello de Dios en la frente. 5 Les fue dado no matarlos, sino torturarlos por cinco meses; y su tormento era como el tormento que causa el escorpión cuando pica al hombre. 6
En aquellos días los hombres buscarán la muerte, y no la hallarán; desearán morir, y la muerte huirá de ellos. 
7 Las langostas eran semejantes a caballos aparejados para la guerra, y sobre sus cabezas llevaban algo como coronas parecidas al oro, y sus caras eran como caras de hombres. 8Tenían cabellos como cabellos de mujer y sus dientes eran como de leones. 9 Sus pechos eran como corazas de hierro, y el estruendo de sus alas era como el estruendo e muchos carros de caballos que corren al combate. 10 Tenían colas semejantes a escorpiones, y (en ellas) aguijones; y en sus colas reside su poder de hacer daño a los hombres durante los cinco meses. 11 Tienen por rey sobre ellas al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abaddón y que lleva en griego el nombre de Apollyon. 12 El primer ay pasó; ved que tras esto vienen aún dos ayes.”

 

– La sexta trompeta:

 

Apoc. IX, 13-19: 13 Y tocó la trompeta el sexto ángel, y oí una voz procedente de los cuatro cuernos del altar de oro que está delante de Dios, 14 y decía al sexto ángel que tenía la trompeta: “Suelta a los cuatro ángeles encadenados junto al gran río Éufrates.” 15 Y fueron soltados los cuatro ángeles que estaban dispuestos para la hora y el día y el mes y el año, a fin de exterminar la tercera parte de los hombres. 16 Y el número de las huestes de a caballo era de doscientos millones. Yo oí su número. 17 En la visión miré los caballos y a sus jinetes: tenían corazas como de fuego y de Jacinto y de azufre; las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones, y de su boca salía fuego y humo y azufre. 18 De estas tres plagas murió la tercera parte de los hombres, a consecuencia del fuego y del humo y del azufre que salía de las bocas de aquéllos. 19 Pues el poder de los caballos está en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tienen cabezas, y con ellas dañan.”

 

– Conclusión de la sexta Trompeta: 20
Mas el resto de los hombres, los que no fueron muertos con estas plagas, no se arrepintieron de las obras de sus manos y no cesaron de adorar a los demonios y los ídolos de oro y de plata y de bronce y de piedra y de madera, que no pueden ver ni oír ni andar. 
21
Ni se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus latrocinios.” (
Apoc. IX, 20-21).

 

Notar comentario de Straubinger al vers. 20: “Ni siquiera con estos castigos en que perece una tercera parte de los hombres (v. 18) se obtiene el arrepentimiento de los malos que quedan con vida. La tremenda comprobación se repite en 18, 9 y 11 [con la destrucción de Babilonia]. Sólo en 11, 13, cuando los dos testigos resucitados suben al cielo a la vista de todos se habla de un arrepentimiento cuyo alcance ignoramos.”

 

Luego, con las Copas o “plagas postreras” (como las llama en Apoc. XV, 1).

 

Con la cuarta Copa: 8 El cuarto derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado abrasar a los hombres por su fuego. 9
Y abrasáronse los hombres con grandes ardores, y blasfemaron del Nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas; mas no se arrepintieron para darle gloria a Él.” (Apoc. XVI, 8-9)

 

Con la quinta Copa: 10 El quinto [ángel] derramó su copa sobre el trono de la bestia, y el reino de ella se cubrió de tinieblas, y se mordían de dolor las lenguas. 11
Y blasfemaron del Dios del cielo, a causa de sus dolores y de sus úlceras, pero no se arrepintieron de sus obras.
 (Apoc. XVI, 10-11)

 

La sexta Copa: se seca el Éufrates, los reyes se reúnen para la batalla de Harmagedón (Apoc. XIX, 19), con la derrota del Anticristo y matanza de los reyes, jefes militares y seguidores libres y esclavos. Pero esto ya es con la venida de Ntro. Sr.

 

La séptima Copa: 17 El séptimo (ángel) derramó su copa en el aire, y salió una poderosa voz del templo, desde el trono [en el cielo] que decía: “Hecho está.” 18 Y hubo relámpagos y voces y truenos, y se produjo un gran terremoto cual nunca lo hubo desde que hay hombres sobre la tierra. Así fue de grande este poderoso terremoto. 19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de los gentiles cayeron, y Babilonia la grande fue recordada delante de Dios, para darle el cáliz del vino de su furiosa ira. 20 Y desaparecieron todas las islas, no hubo más montañas. 21 Y cayó del cielo sobre los hombres granizo del tamaño de un talento; y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del granizo, porque esta plaga fue sobremanera grande. (Apoc. XVI, 17-21)

 

Caso particular de Babilonia: Babilonia es la misteriosa ciudad (o “civitas”, civilización) del Anticristo que es súbitamente destruida por Dios como castigo de sus pecados. La destrucción de esta “civitas” produce llanto y lamentos de los reyes y mercaderes de la tierra (Apoc. XVIII):

 

9 Al ver el humo de su incendio llorarán y se lamentarán sobre ella los reyes de la tierra, que con ella vivieron en la fornicación y en el lujo. 10 Manteniéndose lejos por miedo al tormento de ella, dirán: “¡Ay, ay de la ciudad grande de Babilonia, la ciudad poderosa, porque en una sola hora vino tu juicio!”

 

11
También los traficantes de la tierra lloran y hacen luto sobre ella, porque nadie compra más sus cargamentos: 
12 cargamentos de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de fino lino, de púrpura, de seda y de escarlata, y toda clase de madera olorosa, toda suerte de objetos de marfil y todo utensilio de madera preciosísima, de bronce, de hierro y de mármol; 13 y canela, especies aromáticas, perfumes, mirra, incienso, vino y aceite, flor de harina y trigo, vacas y ovejas, caballos y carruajes, cuerpos y almas de hombres. 14 Los frutos que eran el deleite de tu alma se ha apartado de ti; todas las cosas delicadas y espléndidas se acabaron para ti, y no serán halladas jamás. 15 Los mercaderes de estas cosas, que se enriquecieron a costa de ella, se pondrán a lo lejos, por miedo a su tormento, llorando y lamentándose, 16 y dirán: “¡Ay, ay de la ciudad grande, que se vestía de finísimo lino, de púrpura y de escarlata, adornaba de oro, de pedrería y de perlas; 17 porque en una sola hora fue devastada tanta riqueza!” Y todo piloto, y todos los que navegan de cabotaje, los marineros y cuantos explotan el mar se detuvieron lejos, 18 y al ver el humo de su incendio dieron voces, diciendo: “¿Quién como esta ciudad tan grande?” 19
Y arrojaron polvo sobre sus cabezas y gritaron, y llorando y lamentándose, dijeron: “¡Ay, ay de la ciudad grande, en la cual por su opulencia se enriquecieron todos los poseedores de naves en el mar! Porque en una sola hora fue desolada.” 
20 ¡Alégrate sobre ella, oh cielo, y vosotros, los santos y los apóstoles y los profetas, pues juzgándola Dios os ha vengado de ella!” (Apoc. XVIII, 9-20).

 

Pero estos llantos y lamentos no son una conversión sino solamente el dolerse por la pérdida material. Straubinger nota al versículo 11 ss.: “Los lamentos de los mercaderes son el retrato de los hombres del mundo. Lejos de llorar la perversidad de la ciudad caída o siquiera compadecer su trágica suerte como hacen los reyes (v. 9), deploran ante todo sus propias pérdidas, porque nadie comprará ya sus mercaderías (v. 11). Su egoísmo no repara en la iniquidad tremendamente castigada por Dios, sino en que ello le trae un lucro cesante. Cf. Ez. 27, 12 ss.”

 

3º) Los judíos:

 

Es la única conversión grupal que se menciona antes del triunfo personal de Nuestro Señor en su Parusía.

 

Es la conversión de los judíos de que habla San Pablo en Romanos XI, 25-32:

 

25 No quiero que ignoréis, hermanos, este misterio –para que no seáis sabios a vuestros ojos-: el endurecimiento ha venido sobre una parte de Israel hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado; 26y de esta manera todo Israel será salvo; según está escrito: “De Sión vendrá el Libertador; Él apartará de Jacob las iniquidades; 27 y ésta será mi alianza con ellos, cuando Yo quitare sus pecados.” 28 Respecto del Evangelio, ellos son enemigos para vuestro bien, mas respecto de la elección, son amados a causa de los padres, 29 Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables. 30 De la misma manera que vosotros en un tiempo erais desobedientes a Dios, mas ahora habéis alcanzado misericordia, a causa de la desobediencia de ellos, 31 así también ellos ahora han sido desobedientes, para que con motivo de la misericordia (concedida) a vosotros, a su vez alcancen misericordia. 32 Porque a todos los ha encerrado Dios dentro de la desobediencia, para poder usar con todos de misericordia.”

 

Son las tribus de Israel, que cumplirán la profecía de que “mirarán al que traspasaron” (S. Juan XIX, 36-37). Cf. Zac. XII, 10 // Etiam: Ez. XXXVI, 31; Os. III, 5.

 

Notar:

 

  1. La conversión de ellos no va a ser por un cataclismo universal, sino por la predicación y resurrección de los dos testigos y por un terremoto que se produce en Jerusalén (distinto de las plagas a toda la humanidad general). Cf. Apoc. XI, 3-14. Straubinger nota al vers. 13:“Se admite bastante comúnmente que este rasgo anuncia la conversión futura de los judíos, predicha de igual modo por S. Pablo en Rom. 11, 25 ss.” 
  2. Esta conversión de los judíos será habiendo ya aparecido el Anticristo (pues antes lo recibirán como su mesías). Esto se comprueba también porque los dos testigos aparecen en tiempos del Anticristo, no antes, puesto que: 

* su predicación coincide con los 1260 días del reinado del Anticristo;

 

* son muertos por “la bestia que sube del abismo” (ibidem, vers. 7). Mons. Straubinger nota allí que esa bestia es el Anticristo.

 

Conclusión:

 

Con respecto a los fieles, únicamente se les manda que se mantengan, que aguanten.

 

La Sagrada Escritura, no menciona conversión alguna de los pueblos o naciones como fruto del castigo, de manera que se produzca un reflorecimiento de la cristiandad.

 

II – Después de la derrota del Anticristo.

 

Nuestro Señor vendrá a destruir al Anticristo (Apoc. XIX).

 

Con la Parusía de Nuestro Señor entonces sí se produce un arrepentimiento de las personas del mundo. Por lo tanto esta conversión de general de los pueblos, será luego de la derrota del Anticristo.

 

N.B.“El día del Señor”.

 

Es un nombre técnico en la Sagrada Escritura para designar a la Parusía, al igual que “el día de Dios”, “el día de Cristo”, “el día de la ira”. Lo remarca poniéndolo con artículo: el día”. Cf.:

 

* I Tesal. V, 2-3: 2 Vosotros mismos sabéis perfectamente que, como ladrón de noche, así viene el día del Señor. 3 Cuando digan: “Paz y seguridad”, entonces vendrá sobre ellos de repente la ruina, como los dolores del parto a la que está en cinta; y no escaparán”. 

 

* II Tesal. II, 1-4: 1 Pero, con respecto a la Parusía de nuestro Señor Jesucristo y nuestra común unión a Él, os rogamos, hermanos, 2 que no os apartéis con ligereza del buen sentir y no os dejéis perturbar, ni por espíritu, ni por palabra, ni por pretendida carta nuestra en el sentido de que el día del Señor ya llega. 3 Nadie os engañe en manera alguna, porque primero debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de perdición; 4 el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse él mismo en el templo de Dios, ostentándose como si fuera Dios.”

 

* Filip. 1, 9-11: 9 Lo que pido en mi oración es que vuestro amor abunde más y más en conocimiento y en todo discernimiento, 10 para que sepáis apreciar lo mejor y seáis puros e irreprensibles hasta el día de Cristo, 11 llenos de frutos de justicia, por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”.

 

* II Pet. III, 1-12. Hablando acerca de la Parusía, concluye ese párrafo diciendo: “10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón” (…) Y luego continúa: 11 Si, pues, todo ha de disolverse así, ¿cuál no debe ser la santidad de vuestra conducta y piedad 12 para esperar y apresurar la Parusía del día de Dios, por el cual los cielos encendidos se disolverán y los elementos se fundirán para ser quemados?”.

 

Cf. también: I Cor. I, 8 // I Cor. I, 12-13 // Rom. XIII, 12 // II Tesal. I, 10 // II Tim. I, 12.18

 

1º) ¿Qué va a ocurrir?

 

El oscurecimiento del sol, la luna y las estrellas. Un gran cataclismo o terremoto.

 

Los mencionan:

 

  1. En el Antiguo Testamento: en varios lugares se profetizan cataclismos cósmicos como castigos a las naciones. Por ejemplo: Isaías XIII, 9-13; XXIV, 21-23; XXXIV, 1-4; Joel II, 1-11; II, 30-32; etc. 
  2. Nuestro Señor en su discurso esjatológico: ver más arriba. 
  3. San Pedro, tanto en el discurso el día de Pentecostés como en su segunda epístola. En ambos dice que habrá un castigo para que la gente se arrepienta, pero en ocasión de la Parusía. 

* Hechos II, 14-21: 16 (…) esto es lo que fue dicho por el profeta Joel: 17 “Sucederá en los últimos días, dice Dios, (…) 19
Haré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo. 
20El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre
, antes que llegue el día del Señor, el día grande y célebre. 21
Y acaecerá que todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo.

 

* II Pet. III, 1-10: 1 Carísimos, he aquí que os escribo esta segunda carta, y en ambas despierto la rectitud de vuestro espíritu con lo que os recuerdo, 2 para que tengáis presentes las palabras predichas por los santos profetas y el mandato que el Señor y Salvador ha transmitido por vuestro apóstoles; 3sabiendo ante todo que en los últimos días vendrán impostores burlones que, mientras viven según sus concupiscencias, 4 dirán: “¿Dónde está la promesa de su Parusía? Pues desde que los padres se durmieron todo permanece lo mismo que desde el principio de la creación.” 5 Se les escapa, porque así lo quieren, que hubo cielos desde antiguo y tierra sacada del agua y firmada sobre el agua por la palabra de Dios; 6 y que por esto, el mundo de entonces pereció anegado en el agua; 7
que los cielos de hoy y la tierra están, por esa misma palabra, reservados para el fuego, guardados para el día del juicio y del exterminio de los hombres impíos. 
8 A vosotros, empero, carísimos, no se os escape una cosa, a saber, que para el Señor un día es como mil años y mil años son como un día. 9 No es moroso el Señor en la promesa, antes bien –lo que algunos pretenden ser tardanza- tiene Él paciencia con vosotros, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón, y entonces pasarán los cielos con gran estruendo, y los elementos se disolverán para ser quemados, y la tierra y las obras que hay en ella no serán más halladas.”

 

  1. En el sexto Sello del Apocalipsis:12Y vi cuando abrió el sexto sello, y se produjo un gran terremoto, y el sol se puso negro como un saco de crin, y la luna entera se puso como sangre; 13las estrellas del cielo cayeron a la tierra, como deja caer sus brevas la higuera sacudida por un fuerte viento. 14Y el cielo fue cediendo como un rollo que se envuelve, y todas las montañas e islas fueron removidas de sus lugares. 15Y los reyes de la tierra y los magnates y los jefes militares y los ricos y los fuertes y todo siervo y todo libre se escondieron en las cuevas y entre los peñascos de las montañas. 16Y decían a las montañas y a los peñascos: “Caed sobre nosotros y escondednos de la faz de Aquél que está sentado en el trono y de la ira del Cordero; 17porque ha llegado el gran día del furor de ellos y ¿quién puede estar en pie?” (Apoc. VI, 12-17)

Nota con respecto a los textos del Antiguo Testamento:

 

Han publicado una larga lista de citas de un P. Miguel de María, “El gran castigo previo al fin de los tiempos”. El problema es que en esa lista:

 

  1. a) deja de lado expresamente al Apocalipsis. Aún cuando es verdad que los textos son oscuros, sin embargo está dejando de lado, justamente, la llave que le permitiría entender los distintos castigos. 
  2. b) Hace simplemente una recopilación de textos donde se hable de castigos relacionados con el fin del mundo, pero sin discernir: pone algunas profecías que en realidad corresponden a la conversión de los judíos (p. ej. Isaías X, 21; Zac. XIII, 9) y otras que sí hablan del gran castigo; pero que muestran que serán en el momento de la Parusía, no antes: 

* en “el día del Señor”, “el día de su ira” (Isaías II, 11-12; XIII, 6-13; Joel II, 11). Ya vimos que “el día del Señor” es la Parusía.

 

* “cuando Yahvé de los ejércitos reinará en el monte Sión y en Jerusalén, y delante de sus Ancianos (resplandecerá) su gloria.” (Is. XXIV, 23). Alusión al reino del milenio desde el monte Sión.

 

* En Isaías II, 18-20 habla de esos castigos, pero cuando ya “los ídolos todos serán hechos añicos” y “el hombre, aterrorizado, arrojará de ´si sus ídolos”. Por lo tanto no puede ser antes del Anticristo, puesto que este hará adorar su imagen.

 

  1. ¿Cuándo? 

Esto es lo importante: ese gran castigo ocurrirá luego del Anticristo.

 

  1. a) Señor, al mencionar estos signos en su discurso esjatológico, aclara que serán: 

* “Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…” (S. Mt. XXIV, 29)

 

* “Pero en aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá,… (etc.)” (S. Mc. XIII, 24)

 

Esa “gran tribulación” es la persecución del Anticristo.

 

  1. b)San Pedro en los textos ya mencionados. 
  2. c)En el Apocalipsis: 

* tanto en el sexto Sello es frente a “la faz de Aquél que está sentado en el trono y de la ira del Cordero” y cuando “ha llegado el gran día del furor de ellos” (Apoc. VI, 16-17);

 

* como el Prólogo del libro: “Ved, viene con las nubes, y le verán todos los ojos, y aun los que le traspasaron; y harán luto por Él todas las tribus de la tierra. Sí, así sea.” (Apoc. I, 7). El luto o arrepentimiento de las tribus de la tierra es al ver venir a Nuestro Señor; no antes.

 

  1. Efectos:entonces sí se producirá una conversión general de los habitantes de la tierra: 
  1. Consideraciones: 

* Solo habrá conversión general con la llegada de NSJC.

 

* No será por obra de hombres, sino por obra de Dios.

 

* Para comenzar el reino universal de NSJC en la tierra, donde todas las gentes le servirán y será un reino universal de paz.

 

* Para gloria de Dios: que escarmienten judíos. Que aprendan gentiles.

 

* Los que propician triunfo temporal son vanidad, milenismo carnal judaico, y –consciente o inconscientemente- llevan a sus seguidores a recibir al Anticristo. Es él quien establecerá un reinado universal de paz y orden por fuerzas humanas; con el pequeño “detalle” que será contra Dios. Este es el gran peligro que puede hacer que sean engañados los fieles.

 

CONCLUSION.

 

Ni en el sermón esjatológico de Nuestro Señor, ni en San Pablo, ni en San Pedro, ni en el Apocalipsis, figura una conversión de la cristiandad antes del Anticristo.

 

Es cierto que habrá un gran castigo seguido de una conversión general de las gentes, pero será después del Anticristo.

 

POR ESO: esperar un triunfo temporal de la Iglesia antes del Anticristo, lleva a aceptar al mismo Anticristo, presentándolo como si fuese esa gran restauración.

 

Atención con Monseñor Fellay y Monseñor Williamson: alimentando esperanzas de una gran restauración antes de la venida de Nuestro Señor, son profetas del Anticristo.

Fuente:

https://radiocristiandad.wordpress.com/

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