Las herejías de Francisco

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“Carísimos, no creáis a todo espíritu , antes probad los espíritus si vienen de Dios, porque muchos falsos profetas han venido al mundo… En esto conocemos el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesús, que ha venido en Carne, es de Dios; todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios.”(1 Jn 4, 1-2)

Confesar a Jesús significa aceptar la Verdad, que es Jesús.

Porque Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre y, por lo tanto, la Verdad que está en el Pensamiento del Padre.

Esa Verdad no es una verdad racional, no es una idea que los hombres adquieren con sus razones.

La Verdad es la Vida Divina, la Obra del Amor Divino.

Y, cuando esa Verdad se Revela, como lo hizo en Jesús, sólo hay que creer en Ella. No hay que entenderla, no hay que interpretarla, no hay que decir que hay otras verdades, que existen otros conocimientos para estar en la Verdad.

La Verdad se adquiere por Sí Misma. La Verdad se apoya sólo en Sí Misma. La Verdad ilumina por Sí Misma. El hombre no tiene que hacer nada para encontrar la Verdad. La Verdad se da al hombre sin más.

El problema del hombre es que vive en sus verdades, en sus razones, en sus vidas y obras que nacen de su pensamiento humano y que no son la Verdad. Para que el hombre se tope con la Verdad, sólo tiene que salir de sus verdades, de sus pensamientos, de sus juicios, de sus opiniones, de sus puntos de vista. Esta lucha contra sí mismo, contra la verdad que uno encuentra en sí mismo, es la lucha espiritual es la batalla para estar en la Verdad.

Decir: “yo no soy quien para juzgarla” (a la persona homosexual), es decir una herejía. Es no confesar a Jesús. Es ir en contra de la Verdad, que es Jesús, y que por el sacerdocio se tiene. La Verdad es que el sacerdote y la Iglesia tienen que juzgar al pecador y a su pecado. Negar esta Verdad es convertirse en culpable de herejía y mostrarse como alguien que no viene de Dios, sino del espíritu del mal. Negar que la Iglesia tiene que juzgar al pecador y que el sacerdote tiene que juzgar al que peca es decir que hay que amar el pecado, amando al pecador. Primero es amar al pecador, amar lo que es. Y un pecador es su pecado. Luego, hay que amar su pecado, hay que abrazar su pecado, hay que conformarse con su pecado. No hay que decir su pecado, hay que esconder su pecado, porque lo que importa es el pecador, la persona del pecador, no su pecado.

Decir: “el conjunto de fieles es infalible cuando cree” es negar la Verdad de que sólo el Papa es Infalible en la Fe. Sólo el Papa da la Verdadera Fe. Sólo el Papa hace vivir la verdadera Fe. Y esto hace que Francisco se declare en contra del Papado y, por tanto, del mismo Pueblo de Dios, del conjunto de los fieles. Su herejía es decir que el Papado es una mentira y que sólo hay que hacer caso al Pueblo de Dios, a su vida, sus obras humanas.

Decir: “¿Voy a convencer a otro que se haga católico? ¡No, no, no! ¡Vas a encontrarlo, es tu hermano! ¡Eso basta!” es negar la Verdad de la Palabra de Dios, que evangeliza y que da al otro el camino de la verdad. Ya no hay que meter en la Iglesia a los que están en pecado o viven en otras religiones o iglesias para que encuentren la Verdad. Ya hay que hacer una iglesia en la que quepan todos, y no importa su credo, no importa su pecado, no importa su vida, no importa la verdad. Cada uno tiene la verdad en sí mismo, porque la verdad es algo de la persona, no está en Dios. Lo que importa es abrazar al hombre, sea éste como sea.

Decir: “la verdad es una relación” es negar a Dios, es negar al Espíritu de la Verdad, que es la Verdad Absoluta. Es hacer de la vida humana sólo un juego del pensamiento de los hombres, de sus relaciones, de sus caminos humanos. Es anular el camino de la Verdad que sólo se anda en el Pensamiento de Dios. Es decir, que nada tiene importancia, sólo lo que los hombres piensan, eso es lo que importa. Y al hombre no le gusta pensar que existe el pecado, que existe el infierno, que existe el purgatorio, que existe la Justicia Divina. Al hombre le gusta pensar que Dios es amor y misericordia y que, por tanto, todos se salvan por ser Dios tan bueno.

Decir: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos” es negar que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Es negar que Jesús ya puso un Camino a la Iglesia: el Camino de la Cruz. Es negar que Cristo da la Fuerza para recorrer ese Camino. Es negar que Cristo da la Sabiduría para comprender ese Camino. Es negar que Cristo da la Vida en ese Camino. Y, entonces, el Camino que Cristo es y que Cristo dio a la Iglesia es una mentira. Y, por eso, hay que buscar caminos nuevos, soluciones nuevas a los problemas que tiene el hombre y la Iglesia, hoy día.

Decir: “En los lugares donde se toman las decisiones importantes es necesario el genio femenino” es negar la Verdad de la Palabra de Dios, que dice: “las mujeres en las iglesias callen, pues no les es permitido hablar” (1 Cor 14, 34), porque “de todo varón la Cabeza es Cristo, y que la cabeza de la mujer es el varón, y la cabeza de Cristo es Dios”(1 Cor 11, 3). Jesús sólo ha dado, en su Iglesia, el Poder para gobernar al varón, no a la mujer. Es una Verdad que no se puede discutir. Y negar esta verdad y meter mujeres en el gobierno de la Iglesia es declararse hereje, por ir en contra de esta Verdad. Y no comprender esta Verdad y ver en esa Verdad sólo un machismo, es ser ignorante de la Verdad. La Iglesia Dios la puso en el varón, no en la mujer. La mujer tiene otra función, que hay que entenderla mirando a la Virgen María como Madre de Dios y de la Iglesia.

Decir: “Dios se encuentra en el tiempo, en los procesos en cursos” es negar que Dios hable al corazón y sólo se le encuentre en el corazón. Dios habla al corazón del hombre. Dios no habla en el tiempo del hombre. Dios tiene Su Propio Tiempo, que no puede ser medido con el tiempo del hombre. Dios, si quiere actuar en el tiempo del hombre, lo hace sólo en el corazón de la persona, no en las situaciones de los hombres, no en las vidas de los hombres, no en los acontecimientos de los hombres. Por eso, a Jesús no se le encuentra entre los hombres, sino en el corazón. Por eso, Jesús viene por segunda vez, no de forma física, visible, sino espiritual, porque Dios ya no necesita el tiempo de los hombres para manifestarse, sino que se manifiesta en Su Propio Tiempo.

Decir: “El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea” es negar la Verdad de la Iglesia para leer el Evangelio en la Luz del Espíritu. Es enseñar que es necesario derrumbar, destruir todo lo que la Iglesia tiene a través del Evangelio, que ha dado el Espíritu a su Iglesia, en los Santos, en los Doctores, en los Papas, y hacer un nuevo evangelio, centrado sólo en las luces de los hombres, en sus pensamientos, en su ciencia, en sus logros humanos. Leer la Palabra del Pensamiento del Padre con la obtusa inteligencia del hombre es hacer de esa Palabra, que es la Verdad, una mentira para la Vida de la Iglesia.

Decir: “los grandes guías del Pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la duda” es negar la Certeza de la Palabra de Dios que guía al hombre siempre a la verdad de su vida. No hace falta la duda para que Dios guíe a su Iglesia. O se cree en la Palabra de Dios o no se cree. La duda es siempre una falta de fe y, por tanto, un pecado que impide que Dios guíe al alma. Dios no guía a su Pueblo en la duda, sino en la Verdad. Dios no guía cuando un Pastor tiene dudas, miedos, temores. Dios siempre guía cuando el Pastor, cuando la Iglesia rechaza de sí toda duda, todo miedo, todo temor de los hombres y del demonio.

Y se podría seguir diciendo cosas, pero eso no importa.

Lo que importa es que cualquiera, sea Papa, sacerdote, Obispo, Cardenal, fiel, religioso, que niegue la Verdad, que es Jesús, y, que por tanto, interprete esa Verdad según su pensamiento humano, es culpable de herejía y no viene de Dios.

Esta es la señal que Dios da al hombre que todavía no acaba de creer que Francisco es un falso Profeta, un anti-Papa, uno que se sentó en la Silla de Pedro para hacer su voluntad humana e ir en contra de la Voluntad de Dios. La señal son sus herejías. Este es el sello de todo falso Profeta. Es el que anuncia al Anticristo. No es el Anticristo, porque éste viene con señales maravillosas, con carismas espectaculares. Pero Francisco no tiene eso. Es un pobre sacerdote, sin vida espiritual, que sólo está en la Iglesia para pasárselo bien: comer, dormir, estar en las redes sociales, ser amigo de los enemigos de Dios y así vivir en la Iglesia construyendo su iglesia, la que está en su pensamiento humano.

Fuente:

http://josephmaryam.wordpress.com/

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