AUTORIDAD DEL CONCILIO VATICANO II

 

Ningún teólogo serio enseña que el Vaticano II pertenezca al magisterio infalible. En eso, por lo menos, hay acuerdo. A mayor abundamiento, véase por ejemplo, el discurso de apertura de Juan XXIII, la notificación del Secretariado del Concilio (16 de noviembre de 1964), el modo de los actos mismos del concilio, las repetidas afirmaciones de Pablo VI al respecto desde la clausura del Concilio: (el concilio) “ha evitado promulgar definiciones dogmáticas solemnes que comprometan la infalibilidad del magisterio eclesiástico”, sino que quiso tener“la autoridad del magisterio ordinario supremo, manifiestamente auténtico” (discurso de clausura del concilio, 7/12/65, audiencia de 12/01/66); las expresiones del Papa Juan Pablo II, que se refería al concilio solamente como “magisterio auténtico”; y, finalmente lo dicho por el mismo Papa actual (siendo Cardenal) ante nuestra Conferencia Episcopal:

“La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma, y ha querido conscientemente expresarse en un nivel más modesto, simplemente como un Concilio pastoral”. El mismo concilio se autocalificó de “pastoral”, esto es, no dogmático; lo cual, además de haber sido una novedad, es muy relevante en cuanto a la determinación de su autoridad.

a) Órganos auténticos del magisterio:

Los órganos auténticos del magisterio de la Iglesia son el Papa y los obispos. Decimos «auténticos», porque participan de la autoridad divina de manera habitual y propia, mientras que hay otros órganos subsidiarios, como los miembros de las congregaciones romanas, que lo hacen de manera transeúnte y delegada. Los órganos auténticos pueden obrar de cuatro maneras:

– El Papa solo.

– El Papa y los obispos reunidos en concilio ecuménico.

– El Papa en comunión con los obispos dispersos.

– Los obispos solos.

De estos cuatro modos, sólo en los tres primeros puede ejercerse el magisterio en su gradosupremo, porque la plenitud de la autoridad magisterial sólo reside en el Papa.

b) Clases de magisterio:

b.1) Magisterio “auténtico”: es el ejercido por los órganos auténticos formalmente en cuanto tales. El magisterio auténtico se divide, a su vez, en “infalible” y “simplemente auténtico”.

b.2) El magisterio “simplemente auténtico”, se da en aquellos actos en que no se pone en juego la autoridad de Cristo en modo pleno.

b.3) El magisterio auténtico “infalible” se da en aquellos actos en que se pone en juego la autoridad de Cristo en modo pleno. El magisterio “infalible”, se divide en “extraordinario” y “ordinario”.

b.3.1) “Magisterio infalible extraordinario (o solemne)” es aquel que puede reconocerse como tal en un único acto, considerado absolutamente y por sí mismo. Se lo llama «extraordinario» porque se da en las definiciones “ex cátedra” del Papa, y en las definiciones y anatemas de un Concilio ecuménico.

b.3.2) “Magisterio infalible ordinario” es el que se da cuando la nota de infalibilidad es alcanzada no por uno sino por una serie de actos diversos de magisterio que se complementan para enseñar una misma verdad, aunque expresada con palabras o en contextos diferentes. Este es el modo de magisterio supremo ejercido sobre todo –aunque no únicamente– por el Papa y los obispos dispersos en sus respectivas diócesis, llamado «ordinario» tanto porque surge en general de la predicación cotidiana de los Pastores, como porque ha sido el modo de transmisión de la mayoría de las verdades fundamentales de la fe católica.

Advirtamos que las expresiones “extraordinario” y “ordinario” se prestan a confusión, porque el concilio ecuménico es “órgano extraordinario” del magisterio supremo y en este sentido podría decirse que todo su magisterio es “extraordinario”; sin embargo, no todos sus actos son infalibles por “modo extraordinario” y algunos pueden ser infalibles por el “modo ordinario”, como explicamos más adelante. Tomamos entonces estos dos nombres en su sentido más estricto de calificativos de la infalibilidad, no del órgano magisterial.

c) Criterios para determinar la autoridad magisterial:

El Concilio Vaticano I definió los criterios para juzgar cuándo se da el “magisterio infalible extraordinario” del Papa solo, y como el magisterio del concilio ecuménico goza de la misma infalibilidad que las definiciones “ex cátedra” del Romano Pontífice, los criterios para juzgarlo son análogos:

1° Sujeto: el Concilio debe ser legítimo, efectivamente convocado, presidido y confirmado por el Papa para poseer en potencia la autoridad magisterial suprema; y para ejercerla en actodebe expedirse en cuanto tal.

2° Materia: debe tratarse de una doctrina de fe o moral; aunque el magisterio sólo se ejerce en materia que guarda conexión necesaria con la Revelación, de modo directo (objeto primario) o indirecto (objeto secundario).

3° Destinatarios u oyentes: debe dirigirse la enseñanza a la universalidad de los fieles: no a alguna diócesis o persona en particular, ni tampoco a los que no hacen profesión de fe católica.

4° Intención: la sentencia debe ser propuesta para que los fieles la reciban como infaliblemente cierta: con fe divina, si el objeto es Revelado; o excluyendo la posibilidad de error si sólo es materia conexa con el Depósito de la fe. Esta intención debe ser manifiesta, ya por el texto, ya por el contexto.

Un Concilio ejerce el “magisterio infalible por modo ordinario” en aquellas sentencias que, aunque consideradas en sí mismas no alcanzan manifiestamente las características señaladas para el magisterio infalible extraordinario; consideradas, sin embargo, en relacióncon las enseñanzas anteriores de los Concilios y de los Papas, o con la enseñanza de la universalidad de los obispos en sus diócesis, o con la creencia universal de los fieles, sí alcanzan características análogas a las cuatro señaladas.

Todo el resto del magisterio de un Concilio ecuménico legítimo que se ejerce en cuanto tal y que no alcanza el grado manifiesto de infalible por modo extraordinario, es “magisterio simplemente auténtico”.

Puestos los principios universales para juzgar un acto de magisterio conciliar, pasemos ahora a ver cómo se ejerció de hecho la autoridad en el Concilio Vaticano II.

¿El concilio dio un “magisterio infalible extraordinario”?

El ejercicio del magisterio en un concilio depende formal y últimamente del modo como el Romano Pontífice compromete en él su propia autoridad. Ahora bien, en el Concilio Vaticano II no se dio “magisterio infalible extraordinario”; porque existe, un defecto grave de intención de proponerlo como tal. Este punto no parece ofrecer mayor discusión porque no sólo faltó la intención explícita de imponer ninguna sentencia doctrinal, sino que -contrariamente- explícitamente se manifestó la intención de no imponer ninguna doctrina con infalibilidad.

¿El concilio dio un “magisterio simplemente auténtico”?

La autoridad divina o asistencia del Espíritu Santo, no se compromete en el mismo grado en los diversos actos de magisterio auténtico, pudiendo ir de casi plena a casi nula.  Ahora bien, quien busca alcanzar la verdad por el “diálogo”, no pretende enseñar como maestro, porque el diálogo propiamente dicho se opone al magisterio como a su contrario. Pero la idea del concilio fue poner a éste en diálogo con la Iglesia, las religiones y el mundo. No hubo, por lo tanto, ejercicio del magisterio formal y explícito. Es más, como la versión neomodernista delsensus fidei enseña que la voz del Pueblo es la voz de Dios y que esta voz habla por boca de los neoteólogos, la dinámica liberal impresa en el Concilio puso a los «peritos» como “maestros de los obispos”. Ahora bien, la asistencia del Espíritu Santo no está prometida los teólogos sino a la jerarquía. Por lo tanto, si ésta no se apoya en la autoridad de su propio carisma sino que, invirtiendo el orden, se hace discípula de la “nueva teología”, el magisterio que resulta de tal asamblea poco tiene de divino.

Este vicio que afectó el Concilio implica, entonces, un defecto esencial que destruye las cuatro notas de discernimiento de la autoridad magisterial, por efecto dominó:

1° Intención: el Concilio no quiso imponer un magisterio sino proponer un diálogo.

2° Destinatarios u oyentes: en el diálogo debía intervenir toda la humanidad y entonces dirigió su voz no sólo a los fieles católicos “sino a todos los hombres” (Gaudium et spes n° 2).

3° Materia: en su voluntad de diálogo, el Concilio aceptó opiniones modernas que no proceden de la Revelación sino de la Revolución.

4° Sujeto: sumisos al diálogo, los Papas no confirmaron el Concilio subordinándolo a su carisma personal, in persona Christi, sino subordinándose ellos al sensus fidei, obrando entonces in persona Populi Dei y, en cierta manera, in persona Humanitatis.

En conclusión, el Vaticano II no es “magisterio infalible”, ni siquiera “meramente auténtico”; lo que, aunque trágico y sorprendente, tiene un lado muy positivo: dejar abierta la puerta para una futura declaración de nulidad.

Anuncios

Un pensamiento en “AUTORIDAD DEL CONCILIO VATICANO II

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s