Lo que el 90% de los católicos mexicanos no saben del Papa Benedicto XVI

 

La prensa internacional manipulada por el judaísmo quiere vendernos la idea de que Benedicto XVI (Cardenal Ratzinger) es un conservador.

En primer lugar hay que decir que se puede ser conservador siendo un liberal, como se puede ser liberal sin ser conservador, pues el liberalismo puede ser radical o conservador según sea el caso. Además se puede dar un paso atrás para conservar con un paso firme lo que se ha avanzado dando dos pasos hacia delante. Se puede conservar la esencia ideológica de la revolución dejando los eufóricos excesos de la juventud precipitada, en fin se puede ser conservador sin ser para nada tradicionalista, es decir un revolucionario liberal, modernista y dialéctico sin ser un católico de pura cepa, se puede conservar la fuente del error, corrigiendo los excesos indebidos que impiden la consolidación del mal.

Aquí una foto del joven Joseph Ratzinger con el Cardenal Frings, durante el Concilio Vaticano II.

El hoy Benedicto XVI fue en su juventud uno de los expertos como teólogo liberal y progresista siendo el brazo derecho del Cardenal Frings de Colonia (modernista consumado alemán) durante el Concilio Vaticano II, lo cual era públicamente sabido y notorio. Por lo tanto quiere decir que Benedicto XVI fue uno de los teólogos que forjó el Concilio Vaticano II.

Después fue el brazo derecho de Juan Pablo II como teólogo y pensador, y el segundo hombre después del Papa en materia doctrinal teniendo a su cargo la congregación de la doctrina y la fe (antiguo tribunal de la inquisición) como Prefecto de la misma.

Hoy es Benedicto XVI pero sin abjurar de sus errores que sigue manteniendo aunque quizás más pausada y pulidamente, con el reposo de los años y la envergadura del cargo, pero de ningún modo hay una conversión, una retractación.  Él mismo se reafirma diciendo que sus ideas como profesor, obispo, cardenal y Papa; ‘permanecen idénticas en todo lo que es esencial’. (O.R. 19-8-2006).

Además la mentalidad dialéctica del modernista añejado es envolvente, fusiona los contrarios, amalgama y sintetiza todo, en un abrazo corruptor apacible.

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Si de alguien Monseñor Lefebvre dijo señalando con el dedo ser hereje, fue del Cardenal Ratzinger, cuando expresó en una de sus últimas conferencias espirituales en el Seminario de Ecône del 8 y 9 de febrero de 1991:

“Os invito a leer el denso artículo de fondo de Sí sí, No no que ha salido hoy sobre el Cardenal Ratzinger, es espantoso. El autor del artículo no sé quién es, por que siempre ponen un seudónimo, pero el artículo está muy documentado y concluye que el Cardenal Ratzinger es herético”. Y la razón de esta herejía no es discutir si tal o cual encíclica es infalible o no, si no que como bien señala Mons. Lefebvre: “No es esto lo que es grave en el Cardenal Ratzinger, lo grave es que él pone en duda la realidad misma del magisterio de la Iglesia, de la enseñanza del magisterio de la Iglesia. Pone en duda que haya un magisterio que sea permanente y definitivo en la Iglesia. Esto no es posible. Él acomete contra la raíz misma de la enseñanza de la Iglesia, de la enseñanza del magisterio de la Iglesia. Ya no hay una verdad permanente en la Iglesia, verdades de Fe, dogmas en consecuencia, se acabaron los dogmas en la Iglesia, esto es radical. Evidentemente esto es herético, es tan claro, es horroroso, pero es así”.

Estas palabras están grabadas, nadie las puede negar y no hay quien, aún en medio de la tradición y los fieles tradicionalistas, es decir no modernistas, se acuerde de ellas, ni nadie que se las recuerde, para que no se les olviden, prácticamente nadie hay o que las tenga presentes o que se atreva a repetirlas.

Si esto era el Cardenal Ratzinger (un hereje) siendo prefecto de la congregación de la fe, es decir el encargado del Papa para vigilar sobre de la pureza de la doctrina y de la fe, qué se puede esperar, peor aún cuando hoy es Benedicto XVI pues no ha habido corrección ni retractación al respecto. Además, en el discurso tenido ante los cardenales el día de su elección declaró: “También yo por tanto al disponerme al servicio que es propio del sucesor de Pedro, quiero afirmar con fuerza la decidida voluntad de proseguir en el empeño de la ejecución del Concilio Vaticano II”.

Monseñor Lefebvre ya decía denunciando el modernismo liberal que el Cardenal Ratzinger (encargado de las relaciones entre Roma y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X) había expresado: “el problema del concilio fue asimilar los valores de dos siglos de cultura liberal” y además que había dicho el mismo Cardenal Ratzinger que:

“el concilio, ha sido un Contra Syllabus al efectuar esta conciliación con el liberalismo”. (Le Destronaron p.10).

Este es Benedicto XVI quien además en su libro “Entretien sur la Foi” (Conversación sobre la Fe) criticando a los teólogos que exageran las otra religiones no católicas como vías ordinarias de salvación en vez de presentarlas como vías extraordinarias (p.247), fórmula moderada y reservadamente otra herejía más, pues la Religión Católica no es ya la única y exclusiva, lo cual no aceptan los masones, y que hoy proclama el Ecumenismo destruyendo la unicidad, la exclusividad de la Religión Católica y de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

La trayectoria eclesiástica de Benedicto XVI como teólogo modernista y liberal es rotunda. Fue teólogo privado del Cardenal Frings de Colonia uno de los más activos como veremos en la organización del modernismo dentro de la corriente progresista del Rin.

Karl Rahner y Joseph Ratzinger

Además de haber sido perito durante el Concilio Vaticano II, también fue discípulo de Karl Rahner uno de los teólogos modernistas más famosos.  Con lo cual la formación intelectual y teológica es de la más encumbrada teología modernista, luego de las peores.  Esto no se puede ocultar ni negar, es evidente.

Para que recordemos quién fue el Cardenal Frings uno de los líderes de la alianza europea saboteadora de todo el trabajo preparatorio de dos años, con el fin de facilitar la entrada de los ideales modernistas dentro de la Iglesia, nos remitimos al libro famoso por su objetividad y documentación de primera mano de Ralph Wiltgen S.V.D.

“El Rin desemboca en el Tíber”. (Edición Criterio Libros, Madrid 1999) quien relata datos muy interesantes y que citaremos algunos a continuación: “El Cardenal Frings, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, supo después que el Cardenal Achille Liénart, Obispo de Lille, de setenta y ocho años de edad y presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, tenía la misma idea. Los dos Cardenales acordaron pues un plan de acción”. (p.20).

“El Cardenal Frings, en el transcurso de una conversación privada, denominó al Padre Karl Rahner el teólogo más grande del siglo”. (p. 94).

 Ralph Wiltgen S.V.D

“Parecía como si el liderazgo del concilio tuviese que recaer a la fuerza en el Cardenal Frings, cuya archidiócesis se situaba a orillas del Rin”. (p. 295).

“Casi nadie en la vasta asamblea, dejando aparte al Papa, había influido más en la legislación conciliar que el Cardenal Frings. Si no hubiera sido por la organización que él mismo inspiró y dirigió, el concilio nunca habría podido trabajar con eficacia. Se había apoyado mucho sobre el teólogo P. Rahner; pero al final del concilio se había hecho más cauto en la aceptación de sus propuestas”. (pp. 326-327).

Queda clara la intervención y dirección del Cardenal Frings en el Concilio Vaticano II y de quien el teólogo Ratzinger fue su brazo derecho como podemos ver con las siguientes citas del mismo libro, todo lo cual hoy muestra la estofa del hoy Benedicto XVI.

“El teólogo alemán Joseph Ratzinger afirmó que la ausencia de los textos conciliares ya aprobados al final de la primera sesión: El hecho de que ningún texto hubiese obtenido la aprobación evidenciaba, según él, ‘una fuerte reacción contraria al espíritu que animó el trabajo preparatorio’. En ello reconocía el carácter verdaderamente histórico de la primera sesión del concilio”. (p. 70).

Y concluye el Padre Wiltgen: “El rechazo de los esquemas y veloces cambios de perspectiva caracterizaron la primera sesión del Vaticano II”. (p. 71).

El trabajo preparatorio de dos años, que fue a parar en la papelera como lo dijera en más de una ocasión Mons. Marcel Lefebvre, comentando el primer gran triunfo del ala modernista liberal que se imponía en el Concilio, en oposición a la Tradición Católica.

Obispo Schröffer

Refiriéndose el P. Wiltgen a los análisis enviados, a todos los Padres conciliares invitados a Fulda, por el Obispo Schröffer, de Eichstätt, dice que: “Explicó que estos análisis habían sido preparados por el P. Rahner y posteriormente examinados y comentados por otros tres teólogos alemanes: el P. Ratzinger, teólogo consultor del Cardenal Frings, el P. Aloys Grillmeir, S.I., y el P. Otto Semmelroth, S.I. Había sido imposible escribía el Obispo encontrar otros teólogos que examinasen el texto en el corto espacio de tiempo disponible, pero esos tres teólogos habían respaldado totalmente el análisis del P. Rahner, manifestando solamente ‘algunos deseos’ que habían sido incorporados al texto”. (p.94).

El P. Ratzinger y el P. Yves Congar

Refiriéndose nuestro autor a la comisión sobre las misiones expone: “La subcomisión seleccionó a sus propios peritos (el P. Ratzinger, teólogo personal del Cardenal Frings, de Colonia, y el P. Yves Congar), que prepararon los fundamentos teológicos del esquema”. (p.294).

“El P. Ratzinger, parecía haber dado durante el Concilio un apoyo casi incuestionable a las opiniones de su antiguo profesor (P. Rahner). Pero a medida que se acercaba la clausura, admitía que estaba en desacuerdo con él en varios puntos, y dijo que comenzaría a afirmarse más a sí mismo una vez finalizase el Concilio”. (p.327).

Este es el futuro Cardenal que evidentemente hacía las reservas que le permitirían escalar más alto sin dañar su imagen siendo un modernista consumado y que ha logrado hoy hacernos casi olvidar su pasado ultra progresista (pero con ponderación), como podemos ver en el siguiente texto que nos revela su personalidad sagaz ante la adversidad pero no por eso menos liberal y modernista en los principios, atenuando las reacciones que provocan reacción y que hoy sentado en el trono de Pedro pontifica en el error, con la fachada de conservador pero adherido plenamente a los principios del Concilio Vaticano II: “Un día, era una cena de grupo, el P. Ratzinger mencionó que los liberales habían pensado que tenían manos libres en el Concilio tras obtener la mayoría en las comisiones conciliares. Pero en las intervenciones y en las votaciones en el aula conciliar, dijo, comenzaron a notar alguna resistencia a sus propuestas y consecuentemente las comisiones tenían que tener esto en consideración al revisar los esquemas. Sin saberlo el P. Ratzinger, a cierta distancia se sentaba el Arzobispo Sigaud, quién rió para sus adentros ante este reconocimiento público por parte de un representante de la alianza europea”. (pp. 172-173).

 Monseñor Sigaud

 

Monseñor de Castro Mayer

Monseñor Lefebvre

Como es sabido, Monseñor Sigaud, era amigo de Monseñor de Castro Mayer y de Monseñor Lefebvre; fue el fundador y guía del Coetus Internationalis Patrum: “Además de estos seis grupos de oposición organizada, ignorados o desconocidos por la prensa, estaba el Grupo Internacional de Padres (en latín Coetus Internationalis Patrum), que junto con la Curia Romana era considerado el summum del conservadurismo, y un freno para los elementos progresistas en el Concilio. Este grupo fue desfavorablemente tratado en periódicos, revistas y libros.

Su fundador y guía era el Arzobispo Geraldo de Proenca Sigaud, de Diamantina (Brasil), y el grupo estaba fundado precisamente para que las opiniones de la minoría conservadora ganasen audiencia”. (p.171).

“Pronto el Grupo Internacional de Padres resultó tan activo e influyente que levantó la indignación de la alianza europea y uno de los cardenales de dicha alianza afirmó que el Arzobispo Sigaud debería ser lanzado a la luna”. (p.172).

La alianza europea la formaban como se sabe los países del Rin: Alemania, Francia, Austria, Suiza, Holanda y Bélgica, por lo cual titula el P. Wiltgen su libro “El Rin desemboca en el Tiber” y que el autor explica así: “Cien años antes del nacimiento de Cristo, Juvenal, en una de sus sátiras, afirmó que el principal río de Siria – el Orontes- había desembocado en el romano Tiber. El poeta quería significar con esto que la cultura Siria, a la cual él despreciaba, había conseguido, penetrar en la cultura de su amada Roma. Lo que sucedió desde un punto de vista cultural en tiempos de Juvenal, sucedió en nuestros días desde un punto de vista teológico. Pero esta vez la influencia llegó de los países bañados por el Rin (Alemania, Austria, Suiza, Francia y Holanda) y de la vecina Bélgica. Como los cardenales, obispos y teólogos de estos seis países consiguieron ejercer un influjo predominante sobre el Concilio Vaticano II, titulé mi libro El Rin desemboca en el Tiber”.(p.13)

Por si fuera todo esto poco (que ya es bastante) para perfilar la conducta del teólogo modernista Ratzinger y su participación activa en el Concilio como hombre de confianza de uno de los cardenales más influyentes en el mismo del ala modernista liberal, el Cardenal Frings (como hemos visto), recordemos lo que Mons. Lefebvre relata en una de sus conferencias, en el Seminario de Ecône del 14 de Septiembre de 1987, sobre “Nuestras relaciones con Roma después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger” y que hoy podría sorprender a más de uno, ya sea por la falsa atmósfera reinante ó a las expectativas en torno a Benedicto XVI de quién se espera algo favorable en alguna medida, desconociendo u olvidando la condición del personaje en cuestión, dice así Monseñor Lefebvre: “Lo que les interesa a todos ustedes es conocer mis impresiones después de la entrevista con el Cardenal Ratzinger al 14 de Septiembre último, lamentablemente debo decir que Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía. Estas no son palabras en el aire, es la verdad; Roma está en la apostasía. No se puede tener más confianza con esa gente, puesto que ellos abandonan la Iglesia. Esto es seguro”.

Estas palabras de Monseñor Lefebvre no pueden quedar en el olvido, verifican una realidad trágica, solo comparable a la situación anunciada por las Sagradas Escrituras que profetizan la Gran Apostasía Universal, pues esto lo dijo Mons. Lefebvre después de haber hablado con quien hoy es Benedicto XVI. No hay derecho a silenciar todo esto, deslizarnos en un suave optimismo, cuando las cosas van de mal en peor, la situación no ha cambiado ni ha mejorado, pues si los personajes se relevan, la revolución continúa irreversiblemente, hasta el fin, hasta la consumación de la apostasía, por esto dijo Nuestro Señor “Pero el hijo del Hombre, cuando vuelva ¿hallará por ventura la fe sobre la tierra?” (S. Luc. 18,8)

Nuestra Señora en la Salette igualmente dijo en consonancia con las Escrituras: “Roma perderá la fe y será la sede del Anticristo” y “La Iglesia será eclipsada” luego si se tiene en cuenta estas cosas lo anunciado y lo que pasa, es de estultos, como las cinco vírgenes bobas, pensar ó imaginarse otra cosa.  No reconocerlo es no tener una cosmovisión histórico-exegética congruente y real, si no una embriaguez idealista y liberal de falso y criminal optimismo sin referencia a la metafísica y teología de la historia.  Hay una alergia liberal y farisaica a la connotación de todo lo que sea apocalíptico. Falta una visión exegética apocalíptica que nos permita encuadrar los acontecimientos históricos que tienen su explicación ultima en teología de la historia.

Por eso Monseñor Lefebvre no titubeó al decir en su conferencia después de hablar con el Cardenal Ratzinger:

“Creo que podemos hablar de descristianización y que estas personas que ocupan Roma hoy son Anticristos.  No he dicho antecristos, he dicho anticristos, como lo describe San Juan en su primera carta: ‘Ya el Anticristo hace estragos en nuestro tiempo’.  El anticristo ó los anticristos, lo son ellos, es absolutamente cierto. Entonces bajo esta situación tal como la conocemos, no debemos preocuparnos por sus reacciones. Ellos están necesariamente contra nosotros. Le dije al Cardenal Ratzinger: ‘Nosotros estamos en todo por Cristo y ellos están contra Cristo ¿Cómo quiere que podamos entendernos? Ellos nos condenan por que nosotros no queremos seguirlos.’

Benedicto XVI 

Anton Szandor LaVey  fundador de la Iglesia de Satán

Resumiendo, entonces, la situación. ‘Si usted hace Obispos será excomulgado’. Sí seré excomulgado. ¿Excomulgado por quién o por qué? Excomulgado por aquellos que son Anticristos, que no tiene más el espíritu Católico. Y somos condenados ¿Por qué? Por que queremos permanecer Católicos.  Esa es la verdadera razón por la cual somos perseguidos, es por que queremos permanecer Católicos, por que queremos la Misa Católica y el Sacerdocio Católico.  Es por causa de esto que somos perseguidos”.

Ante la objeción de estar contra el Papa, Mons. Lefebvre asevera:” ¿Contra el Papa? Pero contra un Papa que destruye la Iglesia, que es prácticamente apóstata y que quiere hacernos apostatas, me pregunto ¿Qué hacer?

¿Hay que renunciar a la continuidad de esta Iglesia para complacer a aquél que no quiere ya la tradición, que no quiere más que Nuestro Señor Jesucristo reine públicamente y que nos conduce a la apostasía?, esto le dije al Cardenal Ratzinger.

‘El Papa es infalible, usted no puede levantarse así contra el Papa. Usted va a ser excomulgado’. Le respondí: infalible, infalible, entendámonos, la infabilidad es algo muy restringido creo que no está contra la promesa de Nuestro Señor Jesucristo, que el Papa eventualmente pueda (por una pastoral desordenada, una pastoral falsa), llevar a los católicos a la apostasía, jamás se ha dicho que el Papa no podría hacer cosas contrarias al bien de la Iglesia como está pasando ahora. El Papa practica una pastoral que lleva a los pueblos hacia la apostasía, eso es claro y absolutamente cierto”.

Y continúa Monseñor Marcel Lefebvre, hacia el final de la conferencia: “En otros tiempos, cuando iba a Roma en mi calidad de Delegado Apostólico, teníamos discusiones de personas honestas que querían el reino de Nuestro Señor, personas que trabajaban para la salvación de las almas, ahora no trabajan para la salvación de las almas, si no para la gloria humana de la Iglesia en el mundo. La gloria es puramente humana esta reunión de todas las religiones, de todas las ideologías: comunismo, francmasones, los judíos… (en estos días irá el Papa a encontrarse con los judíos de Nueva York) esto es una gloria puramente humana, aún abominable, por que mezclar la verdad con el error, la virtud con el vicio, los enemigos de Nuestro Señor junto con los amigos de Nuestro Señor, esto es una abominación.  He ahí, quienes están ahora en Roma, no piensan más que en esto, no viven más que de esto. Y para acrecentarlo: historias financieras vidriosas. (…) Estoy íntimamente persuadido de que nosotros no sabemos la mitad de lo que sucede en Roma, y si ya estamos escandalizados con la mitad que conocemos, es necesario pensar en la otra mitad. Si conociéramos todo estaríamos espantados. Verdaderamente nosotros tenemos tratos con una increíble mafia, ligada ciertamente a la masonería”.

Hoy por arte de magia se nos están olvidando todas estas cosas que Monseñor Lefebvre denunciaba, y nos ilusionamos con una nueva atmósfera en Roma cuando en realidad el mal al no ser erradicado continúa galopante su destrucción.

No hay peor ciego, ni sordera que la del que no quiere ver ni oír, pecado, contra el Espíritu Santo que consiste en su culmen en impugnar ó rechazar la verdad manifiesta, manifestada o conocida.

El hoy Benedicto XVI es una especie de San Pío V a la inversa o invertido, pues quiere expurgar y consolidar la revolución dentro de la Iglesia de todo lo que pueda enturbiarla, dificultarla ó impedirla, esto es lo típico del modernista dialéctico y eficaz como suelen hacerlo tan organizada y vastamente los germánicos; y para que veamos o vislumbremos esto, bastenos recordar cual ha sido y es la actitud de Benedicto XVI, para lo cual nos contentamos con el siguiente texto del libro de Monseñor Lefebvre, Le Destronaron (Bs.As. 1987): “Ahora bien, el Vaticano ha afirmado que el trabajo de purificación y asimilación de los principios de 1789∗ era su fin primario: el Concilio se propone ante todo juzgar bajo esta luz (de la fe) los valores que hoy disfrutan de máxima consideración y enlazarlos de nuevo con su fuente divina. Estos valores por proceder de la inteligencia que Dios le ha dado al hombre, poseen una bondad extraordinaria; pero a causa de la corrupción del corazón humano sufren con frecuencia desviaciones contrarias a su debida ordenación. Por ello necesitan purificación” (Gaudium et Spes n° 11 § 2). Y eso es lo que ha hecho el concilio nos afirma el Cardenal Ratzinger: “El problema de los años sesenta era el de adquirir los mejores valores resultantes de dos siglos de cultura liberal. De hecho son valores que aunque nacidos fuera de la Iglesia, pueden encontrar su lugar -purificados y corregidos- en su visión del mundo. Es lo que se ha hecho”. (p. 82).

Esta es la conciliación o el maridaje de la Iglesia y el mundo, de la Tradición y la Revolución, típico del liberalismo y de la dialéctica intrínseca del hombre moderno, que es la penetración en el mundo de la Cábala gnóstica-judaica que es esencialmente dialéctica.

Esto es lo que caracteriza la filosofía moderna, y a los teólogos modernistas de los que tenemos un bello ejemplar de colección en el teólogo Ratzinger, hoy encaramado en la cúspide de la Iglesia y que pontifica con el nombre de Benedicto XVI, sobre el cual Monseñor Bernard Tissier de Mallerais en una serie de conferencias dadas durante los últimos días de octubre de 2006, sobre la Teología de Ratzinger como teólogo, afirmó que negaba el valor satisfactorio de la Misa, con lo cual se niega simple y radicalmente que la Misa tiene un valor satisfactorio en nuestra Redención, lo que viene a dar en resumidas cuentas que la misa no es Misa pues no satisface, lo cual es una mas de las herejías de Benedicto XVI.

En el libro “La Foi chrétienne hier et aujourd’hui – Editions du Cerf” (París 2005), traducción del alemán escrito en 1968, el teólogo Ratzinger niega la satisfacción de la cruz (pp. 197-198), afirma Mons. Tissier de Mallerais, pues la satisfacción de la cruz sería una ficción, ya que se situaría según Ratzinger dentro de un mecanismo de derecho lesionado y restablecido con lo cual la justicia de Dios habiendo sido ofendido infinitamente se habría reconciliado por una satisfacción infinita, de tal modo la cruz vendría a manifestar una actitud de Dios exigiendo una equivalencia rigurosa entre el debe y el haber, dando la impresión de que todo esto reposaría sobre una ficción, es decir, se daría en secreto con la mano izquierda lo que se retomaría solemnemente con la mano derecha. Con esto se rechaza la satisfacción en cuanto tal, es el amor sin satisfacción, lo que nos redime para el sabio teólogo evidentemente modernista hasta los tuétanos.

Luego, la Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz queda vaciada de su contenido tal y cual es lo característico de la mentalidad judaica, que vacía los misterios de su contenido dejando la apariencia externa, como es su característica a través de los siglos con el contacto de los Misterios Divinos, como señala magisterialmente el P. Julio Meinvielle en su último libro “De la Cábala al Progresismo”.

La Cruz para el teólogo Ratzinger es la expresión del amor que se entrega, es la entrega de amor, pero sin pasión, sin satisfacción sin muerte cruenta, típico del modernista judaizante. Esto nos recuerda a los judíos gritándole y reprochándole a Cristo en la cruz, baja de la cruz sálvate a ti mismo, y creeremos, Cristo sin Cruz, Religión sin Cruz, Iglesia sin Cruz, ¡Puede haber algo más diabólico que esto? Imposible.

Ahora bien la satisfacción de la cruz, según Santo Tomas y la doctrina católica se opera por un acto de solidaridad amorosa y misericordiosa de Cristo como cabeza del cuerpo místico que es la Iglesia que tiene tres elementos, el amor (elemento formal y más importante), la justicia (la razón directiva) y el dolor (elemento material). La Redención operada por la Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz comporta una reparación, expiación ó satisfacción objetivamente y un rescate ó liberación subjetivamente. (Ver Diccionario de Teología de Parente, art. Redención).

Dios pudo como dice Santo Tomás haber perdonado sin que haya satisfacción, pues la justicia que exige la satisfacción depende de la voluntad divina y así sin ninguna satisfacción librar al hombre del pecado sin ir contra la justicia Divina (Summa Theol. III-46-2-3). Pero convenía máximamente que Cristo muriera en la cruz (aunque hubiera sido posible ser redimidos de otro modo), para que conozcamos cuánto ama Dios al hombre y así movernos a que le amemos, y en esto consiste la perfección aunque hay otras razones más pero esta es la principal.

∗ Revolución Francesa.

La Pasión y Muerte de Cristo en la Cruz es la máxima prueba del amor divino hacia los hombres, además de ser el acto más sublime que Cristo como hombre podía tributar a la Santísima Trinidad.

El luteranismo protestante es el que reduce la Redención a una pura situación penal exterior o derecho lesionado en términos del teólogo Ratzinger. El luteranismo al reducir la Redención a una sustitución puramente penal, reduce la satisfacción en consecuencia, al derecho lesionado del que habla el teólogo Ratzinger, para colmo ridiculizando en la imagen dar con la izquierda ocultamente lo que se recibe solamente con la derecha, lo que es una ficción cómo él mismo afirma.

En el fondo es la mentalidad judaica, que el modernismo absorbe, la que no deja aceptar el misterio, y por eso se lo manosea para acabar de algún modo negándolo. Ya el judaísmo quiso despojar a Cristo de la Cruz en el mismo Calvario, después de crucificarlo, le increpan diciendo: baja de la cruz y creeremos en ti, y hoy el modernismo profundamente judaico quita la cruz, quiere una religión sin cruz, una Iglesia sin cruz, un amor sin cruz y es así tenemos a Ratzinger (modernista pero sin euforias, ni exageraciones disonantes), concibiendo la Redención como un puro amor sin Cruz, luego una Misa sin Cruz y esto repercute evidentemente en la satisfacción. Y por esto dice que: ”ciertos textos de devoción parecen sugerir que la fe cristiana en la cruz se representa un Dios cuya justicia inexorable ha reclamado un sacrificio humano, el sacrificio de su propio Hijo. Y así se desvían con horror de una justicia cuya obscura cólera quita toda credibilidad al mensaje del amor. Cuanto más difundida es esta imagen es tanto más falsa, la Biblia no representa la cruz como parte de un mecanismo de derecho lesionado, la cruz aparece totalmente al contrario como la expresión de un amor radical que se da eternamente, es un acontecimiento en el cual alguien es lo que hace, y lo que es, es la expresión una vida toda entera para los otros”. (p. 197).

Vemos aquí el lenguaje suave, light, pero finamente modernista, la cruz esfumada en un puro amor, sin expiación, sin satisfacción, sin sacrificio. Típico de la mentalidad judaica que no acepta la Cruz, la inmolación completa y acabada del ser, de la vida, en reconocimiento del dominio divino sobre todo lo creado, aunque esto se hace en un acto de amor, pero de amor inmolado, sacrificado, hecho a Dios, ofrecido a Dios.

Ratzinger desconoce o no acepta la teología de la Cruz, para él, como para todo modernista, es el amor y el amor sin Cruz, en cambio para la doctrina católica la Cruz y el amor son inseparables, al punto que la Cruz es la expresión más sublime de amor de Cristo, como dice Santo Tomás.

Cristo pudo no morir en la cruz como enseña Santo Tomás, pues no fue necesario con necesidad de naturaleza que hace imposible sea de otro modo, ni con necesidad de coacción, ya que Cristo murió libremente, si no con necesidad de fin ad melius esse (y no ad esse = medio sin el cual no se logra el fin) (Summa Theol. III-46-1).

Así Cristo pudo redimirnos de otra manera, pero quiso hacerlo por la Cruz, y esto como explica Santo Tomas por varias razones, pero la principal es para que el hombre conozca cuánto Dios ama al hombre y así movernos a amarlo pues en esto consiste la perfección de la salud humana (Summa Theol. III 46-3).

Hay algo, además que el teólogo Ratzinger no entiende ni quiere entender que la satisfacción (expiación en justicia) tiene su fundamento en el amor que une, el amor que es unitivo, pues como dice Santo Tomas: “La satisfacción de Cristo pertenece a todos sus fieles como a sus miembros ya que la cabeza es a los miembros como una persona mística en cuanto a que dos hombres son uno en la caridad y así uno puede satisfacer por otro” (Summa Theol. III 48-2-1).

La satisfacción presupone necesariamente así la caridad que es unitiva, y esto parece ininteligible para Ratzinger, pues separa la satisfacción del amor y además lo opone. Ratzinger caricaturiza así la justicia divina diciendo: la conciencia cristiana ha sido sobre este punto ampliamente marcada, como ya lo hemos verificado, en una presentación extremadamente rudimentaria de la teología de Anselmo de Cantorbery, de quién hemos expuesto las grandes líneas en otro contexto. Para un gran número de cristianos, sobre todo los que no conocen la fe si no de muy lejos, la cruz se situaria dentro de un mecanismo de derecho lesionado y restablecido. Esto sería la manera por la cual la justicia de Dios infinitamente ofendida habría sido de nuevo reconciliada por una satisfacción infinita. También la cruz parecería expresar una actitud de Dios exigiendo una equivalencia rigurosa entre el “Debe” y el “Haber”. Al mismo tiempo se tiene el pensamiento que esta equivalencia y esta compensación reposan a pesar de todo sobre una ficción. Se da secretamente primero con la mano izquierda, lo que se retoma solamente con la mano derecha. La satisfacción infinita que Dios parece exigir toma así un aspecto doblemente inquietante” (p.197).

Esto es vaciar el contenido satisfactorio de la Redención por la Cruz y en consecuencia de la Santa Misa, linda y diplomática manera de desnaturalizar la obra redentora de Cristo y de la Misa como sacrificio propiciatorio, ni Lutero llega con tanta facilidad a vaciar el culto divino, Ratzinger lo hace fina y refinadamente sin movérsele un pelo.  Habráse visto mayor anulación del sacrificio de la Santa Misa de un solo y magistral plumazo, parece imposible superar tal sagacidad y maestría, es genial, diabólicamente, genial. Por esto Monseñor Tissier afirma que el teólogo Ratzinger niega el valor satisfactorio de la Misa.

No es un simple derecho lesionado positivista, nominalista y subjetivista como el derecho moderno kantiano protestante, sino el derecho cuyo objetivo es la justicia , y la justicia como justa reguladora en orden al bien común. La justicia tiene por objetivo el bien común , y la justicia divina tiene a Dios uno y trino como el supremo bien común de todo el universo. Esto no lo entiende, ni lo puede entender el modernista Ratzinger, y así tenemos que sin la efusión de la sangre de Cristo no hubiera habido tal Redención (Summa Theol. III 69-1-2).

Con una mentalidad protestante-judaica, más que católica el teólogo Ratzinger reduce a un derecho lesionado y reestablecido ficticiamente, la justicia divina ultrajada por el pecado, sin ver ó sin querer reconocer la gravedad del pecado que ofende a Dios y en consecuencia la necesidad de satisfacción, exigida por la misma condición de los hechos, bien que Dios podía no requerir, como ya vimos, pues siendo el sumo bien común universal no tiene superior y así no lesionaría la justicia sino satisface. «Alioquin, si voluisset absque omni satisfactione hominem a peccato liberare, contra ivstitiam non fecisset…Sed Deus non habet aliquem superiores, sed ipse est supremum et commune bonum totius universi ». (Summa Theol. III-46-2-3).

La sutil ridicularización de la justicia de la satisfacción que satisface o reestablece dicha justicia divina ( y no un puro derecho lesionado positivista) y la gravedad del pecado que ofende o conculca el honor, la dignidad infinita de Dios , todo queda irónicamente esfumado con la interpretación del teólogo Ratzinger. Que más se podía esperar de un teólogo modernista hasta los tuétanos. Lo absurdo es no darse cuenta y esperar algo bueno de un árbol que da frutos malos.

De otra parte el carácter gnóstico-dialéctico del Cardenal Ratzinger es manifiesto. La mentalidad de toda filosofía moderna es dialéctica, busca en la síntesis (amalgama o conciliación) de los contrarios la verdad de las cosas. Esto es debido a la penetración del pensamiento de la Cábala (gnosis judaica) en el mundo cristiano, como el P. Meinvielle magistralmente lo muestra y demuestra en su último libro: “De la Cábala al Progresismo”.

La mentalidad modernista es esencialmente dialéctica y por eso es a veces difícil detectar con claridad su actuar, que unas veces afirma y otra niega en una danza macabra que busca la fusión de lo contradictorio en una síntesis relativa que siempre cambia.

Citaremos algunos textos que revelan la mentalidad gnóstica del Card. Ratzinger. En el folleto “Qui est le Pape Benoit XVI?” de mayo de 2005 editado por el Convento Dominico de Avrille se lee en la pág. 14: “Que se puede decir, en consecuencia, cuando somos constreñidos a verificar que el prefecto actual de la congregación para la fe, profesa lo contrario en sus libros de teología, que Jesús no es Dios que se hace hombre, si no que un hombre se volvió Dios?, quien es en efecto Jesucristo para Ratzinger? ‘Es el hombre en quien se manifiesta la realidad definitiva del ser del hombre, y quien, por esto mismo, es simultáneamente Dios’. Qué significa esto, si no que el hombre en su ‘realidad definitiva’ es Dios, y que Cristo es un hombre, el cual es, o mejor aún, se ha vuelto Dios por el solo hecho que en El vino a la luz la ‘realidad definitiva del ser del hombre’? (La Foi chrétienne, hier et aujourd’hui. p.126).”

Y en la siguiente página (la 15) leemos a continuación: “El ser de Jesús es pura actualidad de las relaciones ‘a partir de’ y ‘para’. Y el hecho que este ser no es ya separable de su actualidad, coincide con Dios, se vuelve al mismo tiempo el hombre ejemplar, el hombre del porvenir, a través del cual se puede percibir cuan poco el hombre ha comenzado a ser él mismo. [Es decir Dios].”

Y en la página siguiente (la 16) se afirma: “Por el contrario, el hombre Jesús que para su servicio perfecto ha venido a ‘coincidir con Dios’, revela al hombre, que el hombre es un Dios en devenir y que en efecto entre el hombre y Dios hay una identidad esencial”.

Más gnóstico con todo esto no podía ser, sigue la línea de Juan Pablo II, aunque poniendo un sello personal.

La cristología del teólogo Ratzinger es gnóstica, al igual que la de Teilhard de Chardin, y de Rahner, para quienes no es Dios quien se hace hombre, sino el hombre quien se hace Dios, y esto es lo que Cristo manifiesta: el hombre se manifiesta Dios en Jesucristo, la identidad de la esencia de Dios y del hombre es el postulado de la cristología de Ratzinger, al igual que Juan Pablo II. El fondo que inspira toda nueva teología, es el mismo, es la gnosis judeo cabalística.

En otro folleto “Que penser du pape Benoit XVI?” (Junio de 2005), también editado por el Convento Dominico de Avrillé, en las páginas 55 y 56 refiriéndose a un libro del Cardenal Ratzinger “L’Esprit de la liturgie” leemos:

“Surgen aún expresiones extrañas, por ejemplo en la página 47 el Cardenal nos dice que el Logos (es decir, el Verbo el Hijo de Dios) es un elemento de la condición humana, con el cuerpo, el alma y el espíritu. Un poco más adelante dice que este Verbo es el sentido que crea y lleva la vida (p.121). En otra parte Jesús ha dicho tener un Yo humano (p.48)”.

Y en la nota 96 apie de página de dicho texto se lee: “El Verbo no es evidentemente  una parte de la naturaleza humana. Notemos de paso que el Card. Ratzinger parece favorable a la ‘tripartición’, es decir a la división de la naturaleza humana en tres partes: el cuerpo, el alma y el espíritu. Este es un tema puesto en honor por el Padre de Lubac (Théologie dans l’histoire, t.1, Paris, 1990, pp.113-222), pero es también un tema gnóstico (Jean Vaquie, Occultisme et foi catholique, n°- special d’AFS, pp. 20-21)”.

Y en la nota 97 sobre el mismo pasaje citado dice: “Recordemos que, según la fe Católica, no hay en Nuestro Señor Jesucristo si no una sola persona, la persona del Verbo, segunda persona de la Santísima Trinidad, mientras que hay dos naturalezas, la naturaleza humana y la naturaleza Divina. El Verbo (Logos en griego) hace sustituir la naturaleza humana pero no es ‘elemento’. De otra parte, la persona del verbo es una persona divina y Nuestro Señor no tiene un ‘Yo’ humano. Las expresiones del Cardenal Ratzinger son heréticas, lo cual es un estrago para un prefecto de la congregación de la doctrina y de la fe”.

Para terminar esta somera relación que debe ponernos en guardia y estar más atentos que nunca, sin hacernos ideas falsas, ni ilusiones optimistas que vienen a contra pelo, tengamos presente lo que ya decía San Pio X y que está extraído del folleto anterior, “Quie est le Pape Benoit XVI? p. 22”:y todo esto no corresponde? perfectamente al concepto modernista de la autoridad expuesto por San Pío X en Pascendi y que hemos recogido de manos de Monseñor Montini en su conversación con Jean Guitton (ver cap.6, p.81). Para los modernistas –explica San Pío X- la evolución doctrinal de la Iglesia ‘es como el resultado de dos fuerzas que se combaten, de las cuales una es progresista y la otra conservadora’ y el ejercicio de la fuerza conservadora ‘es lo propio de la autoridad religiosa’, mientras que compete a la fuerza progresista de estimular la evolución. Luego es lógico, según la lógica modernista, que los ‘ultraprogresistas’ de Concilium1 y de los ‘moderados’ de Communio2 se hayan repartido la labor: a los colaboradores de Concilium, ‘la fuerza progresista’, las universidades, el dominio de la ‘investigación’ teológica, la hegemonía cultural; y a los colaboradores de Communio, ‘la fuerza conservadora’, la autoridad religiosa, la ‘hegemonía eclesiástica’.”

Con esta visión queda claro como procede la Revolución con su juego dialéctico de contradicción y síntesis, logra desplazar la barca de Pedro a su terreno, lo cual es un verdadero misterio de iniquidad, como justo castigo por impugnar la verdad conocida, el misterio de sabiduría divina.

Benedicto XVI plantando un árbol de Olivo

Estamos en plena crisis apocalíptica, pues para el que quiera reconocer los signos de los tiempos y ver con una visión teológica de la historia la hora presente, que vivimos en los últimos tiempos apocalípticos, en pleno triunfo de la sinagoga de Satanás o contra la Iglesia del Anticristo, lo cual concuerda con la divisa del actual pontificado de Benedicto XVI “De gloria olivae” (triunfo del judaísmo en la Iglesia). Vivimos en pleno imperio no de la verdad y de la justicia, si no del error y la iniquidad, pero claro en pacífica y unísona democracia, que es en términos del pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila: ”una religión antropoteísta, su principio es una opción de carácter religioso, un acto por el cual el hombre asume al hombre como Dios”.

Ante todo esto, no queda más que recordar las palabras de San Pablo: “En posteriores tiempos habrá quienes apostatarán de la fe, prestando oídos a espíritus de engaño y a doctrinas de demonios. (1 Tim. 4,1).”

 LAS HEREJÍAS DE BENEDICTO XVI.

Benedicto XVI pseudo restaurador conservador o mejor según las sagradas escrituras pseudo profeta.

Basilio Méramo Pbro.

9 de agosto de 2007

1 Concilium: ala avanzada del modernismo.

2 Communio: ala moderada del mismo modernismo.

Un pensamiento en “Lo que el 90% de los católicos mexicanos no saben del Papa Benedicto XVI

  1. La mentalidad modernista es esencialmente dialéctica y por eso es a veces difícil detectar con claridad su actuar, que unas veces afirma y otra niega en una danza macabra que busca la fusión de lo contradictorio en una síntesis relativa que siempre cambia.

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