LA JUVENTUD DE ESPAÑA PIERDE LA FE Y LA PACIENCIA

DESPUÉS DE LAS PROTESTAS CONTRA EL PAPA EN MADRID, LOS POLÍTICOS Y FUNCIONARIOS DE LA IGLESIA POR IGUAL SE HAN APRESURADO A ASEGURAR A SU SANTIDAD QUE LOS MANIFESTANTES NO SON MÁS QUE PARÁSITOS DE LA SOCIEDAD Y VÁNDALOS. EN REALIDAD ESTO PODRÍA SER UN MOVIMIENTO MUCHO MÁS PELIGROSO, PORQUE LA IRA DE LOS JÓVENES DE ESPAÑA CORRE MUCHO MÁS PROFUNDO.

En el período previo a la visita del Papa a Alemania en septiembre, los jóvenes católicos alemanes hacían cola para recibir el sacramento de la confesión, pero en las calles de Madrid en estos momentos los jóvenes españoles están gritando palabras de protesta. La cosas se han vuelto al revés en la otrora España católica, o al menos eso es lo que parece a primera vista.

Hay mucho más aquí de lo que se aparenta. A primera vista, las protestas de esta semana del Día Mundial de la Juventud, “evento pop” de la Iglesia Post-conciliar, también arrojan luz sobre una insatisfacción fundamental y de profundo sentimiento de duda por parte de los jóvenes españoles que es mucho más profunda que cualquier problema específico que puedan tener con este evento de la Iglesia en particular.

Los políticos y los representantes de la Iglesia no deberían llamar a la juventud de indignados en las calles de Madrid como “parásitos” y “vándalos”, por lo que no parecen darse cuenta es que estos manifestantes representan un peligro muy real de una generación perdida.

El encuentro de medio millón de jóvenes católicos en Madrid, -el mayor de la Iglesia católica-, es un juego hecho en casa, al menos de acuerdo a las estadísticas: 46 millones de españoles son católicos, es decir, el 92% de la población. Hay más de 127 obispos y sacerdotes, 26.000 al servicio del Vaticano en España, contando las escuelas católicas y los jardines infantiles que desde luego desempeñan un papel preponderante en el sistema educativo del país.

Dicho esto, en la vida cotidiana, la Iglesia tiene realmente cada vez menos practicantes: sólo el 13% de los españoles asisten regularmente a servicios religiosos.

Sin embargo los jóvenes en las calles de Madrid no protestan temas como el celibato, o la manera de la Iglesia de mantener la distancia como un brazo largo sobre las preocupaciones de la gente común: No, lo que están protestando es por la cantidad de dinero que esta fiesta le está costando al Estado.

Traducido de manera informal, las pancartas que se ven en las calles de Madrid dicen: “No quiero que ni un centavo del dinero de mis impuestos vaya al Papa”. Los manifestantes expresaron su indignación contra el gobierno que gasta bastante dinero para garantizar la seguridad en el cual se lleva a cabo el evento. Exactamente desean saber hasta que tanto el evento va a costar a los ciudadanos que pagan impuestos en España, esto es algo que el gobierno aún no ha divulgado por su parte, mientras los organizadores no dejan de repetir sin cesar que ninguno de los aproximadamente 50 millones de euros (costo total del evento) provienen del estado español.

El Día Mundial de la Juventud en Colonia, Alemania, en 2005 – que costó un total de 120 millones de euros- fue financiado por 14,4 millones de euros de los fondos públicos de los cuales no se incluyeron los servicios de las fuerzas policiales y de emergencia: el gobierno estatal (como ocurre con algunos deportes, conciertos y otros mega-eventos) absorbe el resto.

Con respecto al caso de Colonia, a los gastos sobre los impuestos estatales que ayudaron en gran medida a financiar el Día de la Juventud de 2005, no fueron revelados por el Departamento del Interior del estado de Nordrhein-Westfalen, en el que se encuentra Colonia. Es precisamente este tipo de falta de transparencia que los activistas españoles protestan en contra. ¿Por qué, por ejemplo, a los peregrinos de todo el mundo les pueden  dar grandes descuentos en el transporte público, pero no a los desempleados a nivel local?

Las manifestaciones en Madrid el miércoles por la noche contra el día de la juventud eran una continuación de las protestas que comenzaron el 15 de mayo por “los indignados”. Estos inspirados por la revolución del norte de África -y el intelectual francés Stéphane Hessel-, también se hacen llamar, “Movimiento M-15″.

Los manifestantes en su mayoría jóvenes, son personas bien educadas que han perdido la fe en el gobierno y los políticos. Casi la mitad de cada español menor de 25 años de edad está en el paro: en ese grupo, la tasa del desempleo es del 46%.

Dado que la mayoría de ellos no han pagado lo suficiente en las arcas del seguro de desempleo para poder ver los beneficios, los jóvenes españoles no pueden solicitar el apoyo del Estado. Hasta bien entrados los 30 años, la mayoría aún están viviendo y dependiendo en gran medida de la economía de los padres. Los pocos que tienen trabajo son a menudo sobre-calificados.

Cuando, en mayo pasado, muchos indignados de España se unieron y ocuparon la Puerta del Sol en el centro de Madrid durante más de tres meses,manifestaron al principio su enojo pareciera lo hicieron de una manera muy constructiva. Los activistas organizaron debates sobre los principios básicos de la democracia, y participaron en la discusión junto con los intelectuales -e incluso ganadores del Premio Nobel- sobre el capitalismo y las consecuencias de la globalización económica. Sin embargo, a pesar de el fuerte apoyo de la población en general, los políticos no aprovecharon la oportunidad para el diálogo.

Las demandas de los manifestantes – más puestos de trabajo y un mejor sistema de educación más orientada a la práctica – son, en el mediano plazo, comprensibles: a la luz de la crisis financiera y la crisis del euro, el Gobierno español ha introducido drásticas medidas de austeridad. Y los cambios, incluso si son para mejoras, cuestan dinero.

Así que toda la esperanza en la clase política ha desaparecido, y el sociólogo español César Rendueles no es el único que se ha dado cuenta de esta falta muy seria de comunicación. Las protestas se han convertido de en un principio constructivas en cada vez más destructivas – expresando su ira en lugar de buscar el cambio-. Los propios activistas también han cambiado, cada vez utilizan  menos la política y son más propensos a la violencia.

Cuando el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón fue atacado en la calle, -cuando Cayo Lara, líder de la Alianza Verde / Comunista de España, buscó el apoyo para evitar un desalojo forzoso de los ocupantes-, éste roció con agua al alcalde y comentó a los activistas: “este es un político, que no nos representa”.

Y violentamente, el 15 de junio, los indignados trataron de impedir una reunión del Parlamento de Cataluña con abucheos, escupitajos y tirando fruta a los representantes. La reunión del parlamento había programado las discusiones sobre el presupuesto que incluye barras de 10% en los servicios sociales, de salud y educación – las medidas de ahorro que son el resultado de vaciar las arcas y las órdenes de Madrid y Bruselas.

Posiblemente para empeorar las cosas, en las elecciones parlamentarias que se han desplazado hasta este otoño es probable -independientemente quien triunfe- que aumenten las medidas de austeridad, y esto frustrará a los manifestantes más jóvenes.

Si los indignados de España expresaban su descontento en el período previo al 19 de agosto, el Día Mundial de la Juventud – un festival de la fe, con millones de costos en gastos, y que también quieren enviar un mensaje a la comunidad y a la solidaridad – parecería que tratan de expresar su desesperación general.

Los políticos y los representantes de las iglesias, que deberían estar a favor de la justicia en esto -y tratar de comprender la posición de los indignados- por lo dicho a los manifestantes y llamarlos parásitos y vándalos, están enviando un claro mensaje: no se les tome en serio.

Este es un mensaje peligroso.

Visto en: http://eccechristianus.wordpress.com

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