EL HIJO DE DIOS COMPARECE EN EL CIELO ANTE SU PADRE Y RUEGA POR EL PUEBLO

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La figura grandiosa de la espiritualidad, el venerable P. La Puente cuyo centenario de su muerte mereció ser conmemorado con una gran lápida, costeada por todas las autoridades civiles y religiosas, en la catedral de Valladolid, capital que fue del Imperio español bajo Carlos V, fue la ciudad donde nació y murió, en 1624; fue autor de numerosas obras de espiritualidad entre las cuales las “Meditaciones de Nuestra Santa Fe” libro que no tiene competencia en su género, por su influencia, en santos y religiosos de todas las épocas y lugares y por las muchas lenguas a las que se ha traducido.

Hija espiritual suya fue la vallisoletana Venerable Doña Marina de Escobar. De ella escribió su vida y las innumerables visiones con que Dios la favoreció. El libro tuvo una amplia difusión y ediciones en los siglos subsiguientes. Hoy día ella está casi olvidada aunque tiene una calle en su ciudad que agradece así la gigantesca labor asistencial que pudo llevarse a cabo en su tiempo con las limosnas cuantiosas que le llegaban en vida.

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El libro se titula Vida maravillosa de la Venerable virgen Doña Marina de Escobar. En la introducción afirma el gigante de la espiritualidad que es el P. Lapuente, lo siguiente: “los favores que Dios la hizo no son inferiores a los que se han escrito de Santa Gertrudis, Santa Matilde, Santa Brígida, Santa Catalina de Sena, Santa Teresa de Jesús y otras semejantes…” Sigue leyendo

ÚLTIMA CENA : INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA

Venerable Sor María de Jesús de Agreda

CAPÍTULO 11

Antes faltará el cielo y la tierra, que falte la eficacia d
ésta forma de consagrar, debidamente pronunciada por
el ministro y sacerdote de Cristo.

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Celebra Cristo nuestro Salvador la cena sacramental, consagrando en la Eucaristía su sagrado y verdadero cuerpo y sangre, las oraciones y peticiones que hizo, comulgó a su Madre santísima y otros misterios que sucedieron en esta ocasión.

1180.    Cobarde llego a tratar de este misterio de misterios de la inefable Eucaristía y lo que sucedió en su institución, porque levantando los ojos del alma a recibir la luz divina que me encamina y gobierna en esta obra, con la inteligencia que participo de tantas maravillas y sacramentos juntos, me recelo de mi pequeñez, que en ella misma se me manifiesta. Túrbanse mis potencias, y no hallo ni puedo formar razones adecuadas para explicar lo que veo y mani­fiesta mi concepto, aunque tan inferior al objeto del entendimiento. Pero hablaré como  ignorante en los  términos  y como inhábil en las potencias, por no faltar a la obediencia y para tejer la Historia continuando lo que en estas maravillas  obró la gran Señora  del mundo María santísima. Y si no hablare con la propiedad que pide la materia, discúlpeme mi condición y admiración, que no es fácil descender a las palabras exteriores y propias cuando sólo con afectos desea la voluntad suplir el defecto de su entender y gozar a solas de lo que ni puede manifestar ni conviene.

1181.  La cena legal celebró Cristo nuestro bien recostado en tierra con los Apóstoles, sobre una mesa o tarima que se levantaba del suelo poco más de seis o siete dedos, porque ésta era la costumbre de los judíos. Y acabado el lavatorio, mandó Su Majestad preparar otra mesa alta como ahora usamos para comer, dando fin con esta ceremonia a las cenas legales y cosas ínfimas y figurativas y principio al nuevo convite en que fundaba la nueva ley de gracia; y de aquí comenzó el consagrar en mesa o altar levantado que permanece en la Iglesia Católica. Cubrieron la nueva mesa con una toalla muy rica y sobre ella pusieron un plato o salvilla y una copa grande de forma de cáliz, bastante para recibir el vino necesario, conforme a la voluntad de Cristo nuestro Salvador, que con su divino poder y sabiduría lo prevenía y disponía todo. Y el dueño de la casa le ofreció con superior moción estos vasos tan ricos y preciosos de piedra como esmeralda. Y después usaron de ellos los Sagrados Apóstoles para consagrar cuando pudieron y fue tiempo oportuno y conveniente. Sentóse a la mesa Cristo nuestro bien con los doce Após­toles y algunos otros discípulos y pidió le trajesen pan cenceño de trigo puro sin levadura y púsolo sobre el plato, y vino puro de que preparó el cáliz con lo que era menester.

1182. Hizo luego el Maestro de la vida una plática regaladísima a sus Apóstoles, y sus palabras divinas, que siempre eran penetrantes hasta lo íntimo del corazón, en esta plática fueron como rayos encendidos del fuego de la caridad que los abrasaba en esta dulce llama. Manifestóles de nuevo altísimos misterios de su divinidad y humanidad y obras de la Redención. Encomendóles la paz y unión de la caridad y se la dejó vinculada en aquel sagrado misterio que disponía obrar. Ofrecióles que amándose unos a otros los amaría su Eterno Padre como le amaba a él. Dióles inteligencia de esta promesa y que los había escogido para fundar la nueva  Iglesia y Ley de Gracia. Renovóles la luz interior que tenían de la suprema dignidad, excelencia y prerrogativas de su purísima Madre Virgen. Y de todos estos misterios fue más ilustrado San Juan Evangelista, por el oficio a que estaba destinado. Pero la gran Señora desde su retiro y divina contemplación miraba todo lo que su Hijo santísimo iba obrando en el Cenáculo y con profunda inteligencia lo penetraba y entendía más que todos los Apóstoles y los Ángeles juntos, que asistían, como arriba queda dicho (Cf. supra n. 1163)), en figura corpórea adorando a su verdadero Señor, Rey y Criador suyo. Fueron traídos por los mismos Ángeles al Cenáculo Enoc y Elías  del lugar donde estaban, disponiendo el Señor que estos dos Padres de la ley natural y escrita se hallasen presentes a la nueva maravilla y fundación de la Ley Evangélica y participasen de sus misterios admirables.  Sigue leyendo

MISA SOLEMNE VESPERTINA “IN COENA DOMINI”

MISA SOLEMNE VESPERTINA IN CŒNA DÓMINI – Santa Misa “Non Una Cum”

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EPISTOLA

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios  1 Cor. 11, 20-32

Fratres: Conveniéntibus vobis in unum, jam non est Domínicam cœnam manducáre. Unusquísque enim suam cœnam præsúmit ad manducándum. Et álius quidem ésurit : álius autem ébrius est. Numquid domos non habétis ad manducándum et bibéndum? aut ecclésiam Dei contémnitis, et confúnditis eos, qui non habent? Quid dicam vobis? Laudo vos? In hoc non laudo. Ego enim accépi a Dómino quod et trádidi vobis, quóniam Dóminus Jesus, in qua nocte tradebátur, accépit panem, et grátias agens tregit, et dixit : Accípite, et manducáte : hoc est corpus meum, quod pro vobis tradétur : hoc fácite in meam commemoratiónem. Simíliter et cálicem, postquam cœnávit, dicens : Hic calix novum Testaméntum est in meo sánguine : hoc fácite, quotiescúmque bibétis, in meam commemoratiónem. Quotiescúmque enim manducábitis panem hunc et cálicem bibétis : mortem Dómini annuntiábitis, donec véniat. Itaque quicúmque manducáverit panem hunc vel bíberit cálicem Dómini indígne, reus erit córporis et sánguinis Dómini. Probet autem seípsum homo : et sic de pane illo edat et de cálice bibat. Qui enim mandúcat et bibit indígne, judícium sibi mandúcat et bibit : non dijúdicans corpus Dómini. Ideo inter vos multi infirmi et imbecílles, et dórmiunt multi. Quod si nosmetípsos dijudicarémus, non útique judicarémur. Dum judicámur autem, a Dómino corrípimur, ut non cum hoc mundo damnémur.
M. – Deo grátias.

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GRADUALE

 

 

 

Phil. 2, 8-9   Christus factus est pro nobis obédiens usque ad mortem, mortem autem crucis V/.Propter quod et Deus exaltávit illum : et dedit illi nomen, quod est super omne nomen. 

 

EVANGÉLIUM

 

 Sequentia sancti Evangelii secundum Ioannem. Io. 13, 1-15

Ante diem festum Paschæ, sciens Jesus, quia venit hora ejus, ut tránseat ex hoc mundo ad Patrem : cum dilexísset suos, qui erant in mundo, in finem diléxit eos. Et cœna facta, cum diábolus jam misísset in cor, ut tráderet eum Judas Simónis Iscariótæ : sciens, quia ómnia dedit ei Pater in manus, et quia a Deo exívit, et ad Deum vadit : surgit a cena et ponit vestiménta sua : et cum accepísset línteum, præcínxit se. Deinde mittit aquam in pelvim, et cœpit laváre pedes discipulórum, et extérgere línteo, quo erat præcínctus. Venit ergo ad Simónem Petrum. Et dicit ei Petrus : Dómine, tu mihi lavas pedes? Respóndit Jesus et dixit ei : Quod ego fácio, tu nescis modo, scies autem póstea. Dicit ei Petrus : Non lavábis mihi pedes in ætérnum. Respóndit ei Jesus : Si non lávero te, non habébis partem mecum. Dicit ei Simon Petrus : Dómine, non tantum pedes meos, sed et manus et caput. Dicit ei Jesus : Qui lotus est, non índiget nisi ut pedes lavet, sed est mundus totus. Et vos mundi estis, sed non omnes. Sciébat enim, quisnam esset, qui tráderet eum : proptérea dixit : Non estis mundi omnes. Postquam ergo lavit pedes eórum et accépit vestiménta sua : cum recubuísset íterum, dixit eis : Scitis, quid fécerim vobis? Vos vocátis me Magíster et Dómine : et bene dícitis : sum étenim. Si ergo ego lavi pedes vestros, Dóminus et Magíster : et vos debétis alter altérius laváre pedes. Exémplum enim dedi vobis, ut, quemádmodum ego feci vobis, ita et vos faciátis.
M. – Laus tibi Christe.

Fuente:

https://moimunanblog.wordpress.com/2016/03/24/misa-solemne-vespertina-in-ciena-domini/

MISA DEL JUEVES SANTO

Dom Prospèr Guéranger

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MISA DEL JUEVES SANTO

LA CENA. — Proponiéndose hoy la Santa Iglesia renovar con una solemnidad especial, la acción del Salvador en la última Cena, según el precepto dado a los Apóstoles: “Haced esto en memoria mía”, vamos a tomar el relato evangélico que hemos interrumpido en el momento en que Jesús entraba en la sala del festín pascual.

LA PASCUA JUDÍA. — Ha llegado de Betania; todos los Apóstoles están presentes, aun el mismo Judas, que guarda su secreto. Jesús toma asiento en la mesa sobre la que está el cordero preparado; los discípulos se sientan con El; se observan fielmente los ritos que el Señor prescribió a Moisés siguiese su pueblo. Al principio de la cena, Jesús toma la palabra y dice a sus Apóstoles: “Ardientemente he deseado comer con vosotros esta Pascua antes de mi pasión.” Hablaba de este modo, no porque esta Pascua llevase ventaja a las de los años anteriores, sino porque tendría ocasión de instituir la Pascua nueva que amorosamente había preparado a los hombres; pues habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, dice San Juan, los amó hasta el fin”.

Durante la comida, Jesús, para quien no había nada oculto en los corazones, profirió estas palabras que dejaron mudos de estupor a los discípulos: “En verdad os digo que uno de vosotros me traicionará; sí, uno de los que meten, en este momento, la mano en el plato conmigo es mi traidor.” ¡Qué amargura encierra esta queja! ¡Cuánta misericordia para el culpable, que conocía la bondad de su Maestro! Jesús le abría la puerta del perdón, pero él no se aprovecha de ella. ¡Tanta era la pasión que le había dominado que él quería satisfacer con su infame venta! Se atreve a decir como los demás: ¿Soy yo, Señor? Jesús le responde en voz baja, para no comprometerle ante sus hermanos: “Sí, tú eres; tú lo has dicho.” Judas no se rinde; se queda tranquilo y espera la hora de la traición. Los convidados, según el uso oriental, se colocaban de dos en dos sobre unos lechos de madera, preparados, por la munificencia del discípulo que presta su casa al Salvador, para esta última Cena. Juan, el discípulo amado, está al lado de Jesús, de suerte que puede en su tierna familiaridad, apoyar su cabeza sobre el pecho de su Maestro. Pedro, sentado en el lecho vecino, junto al Señor, que se halla así, entre los dos discípulos que había enviado por la mañana para preparar todas las cosas y que representan, el uno la fe y el otro el amor. La cena fué triste. Los discípulos estaban inquietos por la confidencia que les había hecho Jesús; se comprende que el alma de Juan tuviese necesidad de desahogarse con el Salvador, por las tiernas demostraciones de su amor.

Los Apóstoles no esperaban que una nueva comida sucedería a la primera. Jesús había guardado secreto; pero, teniendo que sufrir, debía cumplir su promesa. Había dicho en la Sinagoga de Cafarnaún: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno comiere de este pan vivirá eternamente. El pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Mi carne es verdaderamente comida y mi sangre verdaderamente bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él” ‘. Había llegado el momento, en que el Salvador iba a realizar esta maravilla de su caridad para con nosotros. Esperaba la hora de su inmolación para cumplir su promesa. Mas he aquí que su pasión ha comenzado. Ya ha sido vendido a sus enemigos; su vida en adelante estará en sus manos; puede ofrecerse en sacriñcio y distribuir a sus discípulos la propia carne y la propia sangre de la víctima. Sigue leyendo

EL LAVATORIO DE LOS PIES HECHO POR JESÚS EN LA NOCHE DE LA PASCUA

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[El bellísimo sermón que traemos, en este jueves Santo en que Cristo celebrando la Pascua judía, procedió al lavatorio de los pies de sus discípulos, nos presenta una dificultad en la que seguramente pensó su autor, pero  sin resolverla.
En efecto dice el predicador que esta sublime acción de Jesús tuvo lugar el día anterior de la Pascua como lo dice el Apóstol Evangelista: “ante diem festum pasche coepit  lavare pedes discipulorum” , la víspera de la festividad de la Pascua.
 
Pero Nuestro Señor Jesucristo sabemos que procedió al lavatorio de los pies  de sus discípulos, precisamente dentro de las ceremonias de aquella tarde memorable, en que celebró la comida de la Pascua, instituyó la Eucaristía, celebró la primera Misa e inauguró la Nueva y Eterna Alianza o Testamento, derogando la Antigua Alianza. Todo dicho por los tres evangelistas sinópticos.
 
He ahí dos declaraciones evangélicas que se contradicen formalmente. Y además ha sido objeto de innumerables estudios desde los primeros días del cristianismo. También en nuestros días ha sido objeto de tomas  de posición por parte de escritores, quizás menos respetuosos con los datos bíblicos que los antiguos, y que se decantan por despojar del carácter pascual – contra la letra evangélica, grave yerro- a la Cena celebrada por el Señor, reduciéndola a una simple cena de despedida, o a una comida entre amigos. Entre ellos está Ratzinger (Jesús de Nazaret, II)  resuelve la aporía diciendo que los evangelios sinópticos son “problemáticos” y por lo tanto negando implícitamente, su veracidad e inerrancia frente a los datos del Evangelio de San Juan, por cuya veracidad se inclina. ¡ Grave ofensa a la santidad de los Evangelios derivada de su ignorancia y falta de respeto a la Tradición y a la Escritura!. Antes de él ningún escritor eclesiástico se atrevió a ello, explicando como podían, de manera insatisfactoria, la aparente disyuntiva.
 
Sin embargo  la aparente contradicción no lo es en absoluto. En este blog nos hemos ocupado de ello en un post que el lector puede consultar, y en el que se establece, de manera irrefutable, que la “La Última Cena fue una Cena Pascual“, sin que obste que lo narrado por San Juan también sea verídico, pues se refiere a la Pascua oficial, que los fariseos celebraban al día siguiente de la Pascua ordenada en los libros del Levítico y de los Números. Solamente la matanza de los corderos en el Templo tenía lugar dentro del día de Pascua, en las últimas horas (en lugar de serlo en las primeras horas como estaba taxativamente ordenado por la Ley) del 14 de Nisán, a las tres de la tarde, horas que precedían al comienzo, a las seis de la tarde, del día primero de los ázimos.
Ruego encarecidamente al lector consulte la susodicha entrada, pues creo que la solución dada, marca un hito- mérito del autor escriturario en quien se basa- en los estudios escriturísticos.] (Ver importante Nota A  a esta introducción al final de la entrada)
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